lunes, 11 de septiembre de 2017

Francisco, el papá

 
Si, con tilde en la á porque más que un líder religioso y político, es el papá de todos los católicos del mundo.

Querámoslo o no reconocer, el papa Francisco es todo un personaje. En su reciente visita a nuestro hermoso país Colombia nos dejo pensando con frases tales como: “Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto”.

Y cuando hablaba de conflicto, pienso que no solo se refería al conflicto bélico en el cual ha estado inmersa Colombia durante muchos años, en una guerra fratricida que ha dejado millones de muertos, de desplazados y de personas en la más extrema pobreza física y mental. También se refería al conflicto que vivimos a nivel personal, familiar y social. Un conflicto que se ve acrecentado por los rencores, por odios ancestrales, por la falta de perdón. Y es que cuando se dice la frase aquella  “perdono pero no olvido”  - lo cual es cierto ya que es prácticamente imposible olvidar – nos escudamos en ella para recordar una y otra vez el daño que nos hicieron y así continuar con un sentimiento que en nada se parece al perdón.

El que pide perdón en forma sincera, abre las puertas para que ingrese la paz y todo lo que ella implica, de ahí que no sea nada fácil pedir perdón ya que muchas veces preferimos continuar justificando nuestros errores en vez de aceptarlos y tratar de enmendarlos.

Otras de las frases que les dijo a los jóvenes colombianos fue la de  “¡No le teman al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande!”.  “Mantengan viva la alegría" No se la dejen robar”. La pregunta es ¿Nosotros los mayores les permitimos soñar a los jóvenes? Me atrevería a decir que no. Comenzando por un obsoleto sistema educativo donde los principios y los valores están en franca decadencia, para la muestra, un botón, el 98% de los delincuentes y criminales, mínimo saben leer y escribir, el 50% han terminado un bachillerato y el 30% son profesionales que se han especializado en cómo hacerle daño a sus semejantes.

Y ni que hablar del flagelo más grande que tiene Colombia, la corrupción. Al respecto el papa Francisco manifiesta que “Hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos”  y es que como decía el escritor, historiador, filósofo y abogado francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, “Cuando se piensa que el dinero lo hace todo, se está dispuesto a hacer todo por dinero”. Al respecto nuevamente el papa Francisco nos dice que “El diablo entra por el bolsillo…”. No se puede servir a Dios y al dinero”.

Muchas son las enseñanzas que nos dejo en su visita el papa Francisco, infortunadamente los colombianos sufrimos del mal de alzhéimer y más temprano que tarde olvidaremos todo lo que él nos enseño y solo recordaremos su visita en un hermoso acontecimiento que difícilmente se repetirá durante su pontificado.

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