lunes, 26 de octubre de 2015

Los seres queridos

Nadie puede negar la importancia de la familia, de los amigos, de los socios y de todas aquellas personas que son cercanas a nuestros afectos, son nuestros seres queridos. Personas que de una u otra forma influyen en nuestra vida, en nuestra formación personal y profesional, en nuestros sueños. Son parte integral de nuestro entorno, de nuestra manada, de nuestra vida. Seres por los cuales estamos dispuestos a realizar grandes sacrificios e incluso a dar nuestra vida.

Infortunadamente también se da el caso, con más frecuencia de lo que pensamos, que se convierten en verdaderos lastres que no nos permiten avanzar e incluso, en muchas oportunidades, no solo no nos permiten avanzar, sino que nos hacen retroceder, convirtiéndose en nuestros peores verdugos. Sin embargo no podemos concentrarnos en los pocos que nos hacen daño, sino en la multitud de personas que están dispuestas a ayudarnos, a alentarnos a hacer realidad nuestros sueños. Curiosamente la mayoría de las veces son personas que no son de nuestra familia y a veces ni siquiera nos conocen. Sin embargo son las que más creen en nosotros.

Lo invito amable lector a hacer el siguiente ejercicio: Supongamos que usted es de una familia de clase media y que al igual que sus demás familiares vive de un modesto sueldo. Dígale a la persona con la cual usted convive y que por lo tanto conoce sus fortalezas y debilidades que mañana se va a comprar un vehículo de gama alta. Lo más probable es que esa persona le va a preguntar si tiene fiebre, si está consumiendo alguna droga alucinógena o en el peor de los casos si se está volviendo loco. Le va a recordar que hay necesidades apremiantes en el hogar y que por lo tanto no entiende cómo es que usted se va a comprar un vehículo que está más allá de sus capacidades económicas. Ese “ser querido” sabe exactamente cuáles son sus limitaciones y lo conoce muy bien. 

Sin embargo, mañana colóquese el mejor traje y vaya a visitar un concesionario donde venden vehículos de gama alta. ¿Qué es lo primero que le pregunta el vendedor? Esa persona no lo conoce a usted por lo tanto no sabe que probablemente usted no tiene ni donde caerse muerto y que difícilmente podrá comprar uno de los lujosos vehículos que allí se exhiben. Ese vendedor sabe que donde menos se piensa salta la liebre y que no puede prejuzgar al cliente por su apariencia y que casos se han visto de personas que no aparentaban mayor cosa y salieron comprando el vehículo más costoso.  De igual forma esas personas que en un momento dado nos quieren ayudar no lo hacen por lo que aparentamos sino por lo que somos.

Lo invito amable lector a reflexionar y analizar detenidamente a las personas con las cuales usted convive, que lo rodean. Un antiguo refrán dice “dime con quién andas y te diré quién eres” el cual se complementa con otro que dice que "el que entre la miel anda, algo se le pega”. A nuestro alrededor debemos tener personas que nos edifiquen, que nos animen, que a pesar de las circunstancias, por difíciles que estas sean, nos digan que podemos salir adelante. Si por algún motivo se da cuenta que los “seres queridos” que lo rodean solo quieren verlo a usted cada vez más mal de lo que está, lo mejor es que comience a colocar distancia de por medio, por mucho que los ame. Usted es una persona que merece triunfar, que merece lo mejor de lo mejor, que nació para ser feliz.


Recuerde que todo en la vida parte de una decisión llevada a la acción, si usted sigue haciendo lo mismo no va a obtener resultados diferentes. Es necesario que si no está logrando sus objetivos cambie su modus operandi, que pase de ser una persona ordinaria y se convierta en alguien extraordinario y la mejor forma es dar lo mejor de usted, de hacer un esfuerzo extra, de luchar por sus sueños llueva, truene o relampaguee. De insistir, persistir, resistir y nuca desistir. Nuestros “seres queridos” nunca dejaran de serlo, sin embargo es su decisión si continua haciéndoles caso a todo lo que le dicen, a frase tales como: Usted no es capaz, usted no puede hacer eso, usted no sirve para nada o que le dicen “sueñe, que eso relaja” y lo más desagradable de estas y otras frases no es la frase en sí, sino el tono burlesco con que las dicen.

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