domingo, 5 de marzo de 2017

Coherencia



Siempre se ha dicho que la mejor enseñanza es el ejemplo. No se concibe la idea que el papá le diga a su hijo que no diga mentiras y cuando alguien le pregunta al niño por su padre éste le dice a su hijo que le diga a esa persona que no está, o como cuando en presencia de su hijo el papá se apodera de algo que no le pertenece y le dice al niño que nadie se va a dar cuenta pero le dice a su hijo que él no puede hacer tal cosa. 

Una canción popular inglesa dice que: “Por un clavo se perdió una herradura, por una herradura, se perdió un caballo, por un caballo, se perdió una batalla, por una batalla, se perdió el Reino”. Solemos minimizar o darle poca importancia a algunos de nuestros actos y nos rasgamos las vestiduras con el fin de evidenciar el desagrado que nos causa el accionar o pensar de nuestros semejantes, cuando nosotros mismos muchas veces infringimos una ley o una norma, por leve que sea, es tan delicado como cometer el más grave delito ya que no hay delitos grandes o pequeños, solo hay delitos.

Como el niño que vio a su padre hacer algo en contra de la ley o de las normas, seguramente tarde que temprano él también lo va a hacer y muy probablemente las consecuencias van a ser desastrosas. La idea aquella de que hecha la ley hecha la trampa, es como se genera uno de los flagelos más grandes de nuestra sociedad como es la corrupción (del latín corruptĭo, corruptiōnis, a su vez del prefijo de intensidad con- y rumpere 'romper, hacer pedazos, sustancia o cuerpo que está corrompido, descompuesto, podrido).

Desde muy niño mi padre siempre me decía “hijo, lo que no es de uno, no es de uno y a alguien le debe pertenecer”. En algunos países cuando alguien se encuentra algo, de inmediato lo pone a buen recaudo de las autoridades no importando su valor. Muchas veces mis compañeros taxistas, y les digo compañeros porque alguna vez lo fui, devuelven cosas que sus usuarios dejan olvidado en sus vehículos. La pregunta es ¿Haría usted lo mismo?, estoy seguro que sí, porque lo que no es de uno…

Infortunadamente los principios y los valores están en franca decadencia y como lo digo en uno de mis libros “Estamos bien capacitados, pero mal educados”. No comprendo cómo es que juzgamos y criticamos y nos “salimos de la ropa” ante la mala educación de los demás, pero pocas veces reaccionamos de la misma forma ante la mala educación nuestra. 

Se acaba de promulgar el nuevo código de policía en Colombia y más se demoró en publicarse que en ser demandado pues, como cosa rara, muchos no están de acuerdo con algunas normas que todos los ciudadanos debemos cumplir. ¿Qué muchas son un poco exageradas? Si, lo acepto, pero ¿y si no es así? Necesariamente hay que ser estrictos, de lo contrario lo veo difícil, porque las dificultades que existen en la sociedad no se curan con paños de agua tibia. ¿Cómo hacerle entender por ejemplo a una persona que no debe hacer sus necesidades fisiológicas en lugares público, que si los equipos de sonido vienen acondicionados con un control de volumen es para utilizarlo con el fin de no interferir en el descanso de los demás, que las mascotas y lo que éstas hacen es responsabilidad de sus dueños, así como es responsabilidad de los padres lo que sus hijos hacen?

Sigo pensando que cumplir las leyes y las normas es cuestión de sentido común, claro que como infortunadamente este es el menos común de los sentidos es que pasa lo que pasa. Predicamos pero no aplicamos. Criticamos al gobierno y a los “servidores” públicos por lo corruptos que son pero seguimos votando por ellos porque somos de las personas que vendemos nuestra progenitura (nuestro voto) por un plato de lentejas y lo más curioso es que luego nos quejamos de los malos gobernantes que elegimos. 

El Duque de Otranto, el francés Joseph Fouché (1759-1820), habría dicho que: “Todo hombre tiene su precio, sólo hace falta saber cuál es”. Sentencia que presenta al ser humano desde su peor faceta, pues lo expone a partir de su ambición y de su debilidad, señalando que es capaz de hacer cualquier cosa a cambio de una suma determinada de dinero. Cuesta aceptar la contundencia de la frase, pues conocemos a muchos hombres (y mujeres) que no dejan de lado su integridad por intereses económicos. Es que como decía el sabio Voltaire “Quien piensa que el dinero lo hace todo, termina haciendo todo por dinero.

Los invito pues a que la próxima vez que queramos criticar o juzgar a alguien, pensemos si somos coherentes y consecuentes con nuestro discurso.

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