domingo, 1 de noviembre de 2015

Si deseas justicia, se justo


Qué difícil es la empatía, el ponernos en el lugar del otro. Lo más fácil es criticar o juzgar a nuestros semejantes pero pocas veces nos ponemos a pensar y analizar porque piensan y actúan de determinada forma. En nuestros hogares, en el lugar de trabajo, en donde estemos, por lo general estamos criticando la forma como los demás hacen las cosas. Queremos que todos piensen y actúen como nosotros lo hacemos, independientemente si lo que estamos haciendo es bueno o malo. Queremos que los demás sean fiel copia nuestra, tal vez pensando que así podemos ejercer un mayor control sobre los demás.

Alguna vez le escuche a un famoso conferencista que “el salario mínimo representaba el mínimo esfuerzo”. Respeto esa opinión pero no la comparto ya que muchas personas realizan extenuantes labores y sin embargo no son retribuidas como merecen y a veces, fuera de tener que realizar su labor, deben soportar los malos tratos o el asedio de sus jefes. Nada hay más deprimente que ver a un acaudalado empresario que goza de todos los lujos y comodidades que da el dinero pero que trata a sus empleados como esclavos desconociendo que son ellos los que lo han llevado a conseguir su fortuna. 

Uno de los factores que más causa pérdidas en las empresas es la alta rotación de personal. Teniendo en cuenta que la mayoría de las personas no se van de sus empleos, se van de sus jefes. Recientemente un amigo me comento una situación. En el conjunto residencial donde él vive uno de los empleados renunció porque en otra empresa le pagaban un poco más que en la que estaba laborando. Analizada la situación se llegó a la conclusión que salía más barato subirle el sueldo y mejorarle las condiciones laborales a ese empleado que contratar uno nuevo ya que el proceso de capacitación y entrenamiento de una nueva persona es mucho más costoso. Eso sin tener en cuenta que el empleado llevaba varios años laborando en la empresa, realizaba una excelente labor, era una persona honrada y de absoluta confianza, algo difícil de encontrar en esta época. 

O cambiamos o nos cambian, por otro o por otra y por lo general siempre gana el mejor postor, el que mejores condiciones ofrezca. Es importante entonces evaluar el costo beneficio. Es necesario analizar detenidamente a que se debe la alta rotación de personal en nuestras empresas, la deserción escolar en nuestras academias, los divorcios, las migraciones, etc. etc. Si bien es cierto la retribución económica por la labor que realizamos es de vital importancia y de hecho por eso la hacemos, también es cierto que las condiciones laborales son de suma importancia y se cambia de hogar, de empresa, de ciudad o de país buscando precisamente mejores oportunidades, mejor calidad de vida. No en vano las grandes multinacionales están invirtiendo fuertes cantidades de dinero en hacer la vida laboral de sus empleados más llevadera. Reconocen que invertir en su gente es un excelente negocio. 

La pregunta es ¿Cuánto está invirtiendo usted en su gente? Recuerde que capacitar al personal puede ser costoso, no hacerlo es más costoso aún, es una de las principales causas de la quiebra de las empresas. De igual forma pienso que, cuando se paga el mínimo, se obtiene el mínimo esfuerzo ya que cuando se contrata a una persona no solo se contratan dos brazos sino que esos brazos están acompañados de una mente que puede generar mucho más dinero que esos brazos, si se tienen en cuenta las ideas que produce. Alguien decía que se ha sacado más oro de la mente humana que de la misma tierra. Y es que cuando se paga con cacahuetes, son los monos los que trabajan. Las preguntas son: ¿El salario que usted paga es coherente con las exigencias laborales? ¿Lo que usted le esta exigiendo a su ser querido, está plenamente justificado? Recuerde que el inconformismo laboral o familiar es una bomba de tiempo que tarde que temprano explotara y lo hará en el momento más inoportuno.  

¿Cuántas veces los empresarios buscan fuera de sus empresas lo que tienen dentro? Personas que conocen las fortalezas y debilidades de la empresa y que saben exactamente qué hacer para superarlas pero que no son tenidas en cuenta ya sea porque no tienen la preparación académica, porque son muy jóvenes, porque son muy viejas o porque simplemente no tienen “el perfil” que se busca. 

Un caso similar se presenta en muchos países con la llamada fuga de cerebros. Científicos a los cuales no estimulan para realizar sus investigaciones y prefieren marcharse a otros países donde si son valorados y tenidos en cuenta. Ejemplos, los que usted quiera. Las grandes potencias les deben mucha parte de sus triunfos financieros y tecnológicos a personas que han venido de otros países. De igual forma sucede en nuestro entorno familiar y empresarial. Dejamos ir a nuestros “seres queridos” o a nuestros empleados por no dar el brazo a torcer, por no dialogar, por no negociar, por no ceder. Vale la pena recordar la frase del director técnico de futbol Francisco Maturana cuando decía que “perder es ganar”. Posiblemente ese aumento de sueldo afecte el presupuesto de la empresa, pero le aseguro que lo que se gasta en capacitar a una nueva persona, tarde que temprano se verá reflejado en los estados financieros de la empresa porque muchas veces pasa que el nuevo empleado no se adapta a la empresa o la empresa a él y se debe comenzar otra vez en la búsqueda de la persona adecuada. 

Lo(a) invito pues a reflexionar un poco sobre mi blog de esta semana. A pensar porque ese ser querido o empleado esta aburrido con usted y que le están ofreciendo en otra parte. A pensar lo que dice la canción “mama ¿qué será lo que quiere el negro?”. Se sorprenderá que muchas veces no es lo que usted piensa.

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