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sábado, 6 de febrero de 2021

Y ahora me llaman don Ramón.


Ahora me llaman Don Ramón.

Mi niñez, adolescencia y juventud no fue nada fácil. Al igual que millones de seres humanos tuve que trabajar para ayudar a mi familia y pagar mis estudios, soñaba con ser un gran empresario con poder y fortuna y lo logre. Crecí pensando que el dinero lo hacía todo y literalmente hablando hacia todo por conseguirlo y lo conseguí a un precio demasiado alto. Sacrifique mi salud, mi estabilidad emocional, mi familia ya que siempre pensaba que todo lo que hacía era por ellos para poder darles una mejor calidad de vida. Pensaba que era más importante la calidad que la cantidad de tiempo que les dedicaba a mi esposa y a mis hijos. Era de los que trabajaba muchas horas extras, mismas que le robaba a mis hijos. Era el primero en entrar y el último en salir de la empresa. Pensaba que los empleados que tenía me respetaban cuando la verdad era que temían mis constantes y acalorados llamados de atención. Pensaba que debía tener mano dura o de lo contrario perdería el control. Era el gran jefe pluma blanca como muchos me llamaban a hurtadillas, sin contar otros apodos mucho más desagradables. Inspiraba temor, sufría de la terrible enfermedad del yo yo pues hasta el más mínimo detalle debía ser controlado por mí. En mis empresas no se movía la hoja de un árbol sin mi autorización. Imposible aceptar que estaba equivocado ya que debía mantener la imagen de hombre recio y cualquier muestra de humildad podría ser interpretada como debilidad. Los demás cometían errores, yo nunca. Disfrutaba del poder que tenía ya que mis órdenes eran cumplidas al pie de la letra sin reparos y hay de aquel que osara contradecirme, le hacia la vida imposible para que se aburriera y se fuera, al fin y al cabo había mucho quien trabajara como lo había hecho yo desde muy niño. Era de las personas que siempre veía el vaso medio vacío pues nunca estaba satisfecho. No entendía como mis flojos empleados se mantenían cansados cuando yo trabajaba más de dieciséis horas diarias. Muy en mi interior pensaba que a eso se debía su pobreza. Era un hombre exitoso y rodeado de amigos en los cuales gastaba grandes cantidades de dinero ya que debía conservar mi imagen de hombre de negocios.  Un día al llegar a una de mis empresas el portero me saludo diciendo…

-         Buenos días don Ramón.

Lo mire extrañado ¿Cómo alguien se atrevía a llamarme por mi nombre cuando todos me decían jefe? Y así se lo hice saber...

-          ¿Cómo se atreve a llamarme por mi nombre? Y además, no sabe que está prohibido utilizar gafas oscuras en la empresa, quíteselas de inmediato. – Le ordene con voz fuerte.
-          ¿Acaso ese no es su nombre? – Pregunto sonriendo el joven – aun sin quitarse las gafas.  
-          Ese es mi nombre pero recuerde que soy su jefe y quiero que me llame así como lo hacen todos los demás.

El joven se acercó un poco más a mí para decirme muy cerca al oído…

-          ¿O prefiere don Ramón que lo llame papá?

Con la arrogancia acostumbrada manifesté…

-          ¿Y qué haces vestido con ese ridículo uniforme?
-          Desde hace mucho tiempo vengo trabajando en la empresa; quería ve si tratas a tus empleados con el mismo amor que nos tratas a nosotros tus hijos y la verdad don Ramón, perdón, papá. Es que eres luz en la casa y oscuridad en tus empresas. ¿Por qué don Ramón? ¿Acaso en cierta forma tus empleados no son también tus hijos?
-          ¿Hijos? Ni más faltaba. Todos ellos no son sino una cantidad de vagos buenos para nada. Los únicos hijos que yo tengo son ustedes para los cuales he trabajado durante muchos años para darles lo que estos pobres diablos difícilmente les podrán dar a sus hijos porque son una partida de holgazanes. Ahora quiero que te quites ese ridículo uniforme y regreses a la universidad que es donde deberías estar ahora.
-          Lo siento don Ramón, pero no volveré a la universidad.
-          ¿Cómo se te ocurre decir tal cosa con lo mucho que he gastado en darte los mejores estudios en los más prestigiosos colegios y ahora en la más prestigiosa universidad.
-          Don Ramón, la verdad es que desde que me gradué con honores he venido trabajando en la empresa.
-          ¿Cómo que desde que te graduaste?
-          Así es don Ramón, digo, papá – dijo sonriendo el joven – para ti siempre han sido más importantes tus negocios que nosotros, tu familia, para la cual según tu trabajas. Dime una cosa papá ¿Sabes dónde está mi hermana en estos momentos?
-          En la universidad por supuesto – dije en tono altivo.
-       Se equivoca don Ramón – dijo una suave voz a mis espaldas – desde hace algún tiempo soy la recepcionista de la empresa.

Volteé a mirar a mi hija. También estaba vestida con el uniforme de la empresa. No pude contener las lágrimas y simplemente los abrace mientras les susurraba al oído una palabra que nunca antes había pronunciado, perdón, perdón, perdón. Los tres nos abrazamos mientras muchos de los empleados de la empresa nos rodeaban aplaudiendo y algunos también llorando.  Los mire a todos. Sí, mi hijo tenía razón, de alguna forma también ellos eran mis hijos.

-          A partir de hoy quiero que todos me llamen don Ramón – dije aun con lágrimas en los ojos.  

La noticia corrió por todas mis empresas y donde quiera que llegaba me saludaban como don Ramón, nunca más se volvió a escuchar la palabra jefe, me había convertido en un líder al cual todos seguían por respeto y no por miedo o necesidad.

Y usted ¿Es un jefe o un líder?


lunes, 14 de diciembre de 2020

Si deseas justicia, se justo


Qué difícil es la empatía, el ponernos en el lugar del otro. Lo más fácil es criticar o juzgar a nuestros semejantes pero pocas veces nos ponemos a pensar y analizar porque piensan y actúan de determinada forma. En nuestros hogares, en el lugar de trabajo, en donde estemos, por lo general estamos criticando la forma como los demás hacen las cosas. Queremos que todos piensen y actúen como nosotros lo hacemos, independientemente si lo que estamos haciendo es bueno o malo. Queremos que los demás sean fiel copia nuestra, tal vez pensando que así podemos ejercer un mayor control sobre los demás.


Alguna vez le escuche a un famoso conferenciante que “el salario mínimo representaba el mínimo esfuerzo”. Respeto esa opinión pero no la comparto, ya que muchas personas realizan extenuantes labores y sin embargo no son retribuidas como merecen, y a veces, fuera de tener que realizar su labor, deben soportar los malos tratos o el asedio de sus jefes. Nada hay más deprimente que ver a un acaudalado empresario que goza de todos los lujos y comodidades que da el dinero pero que trata a sus empleados como esclavos desconociendo que son ellos los que lo han llevado a conseguir su fortuna. 

Uno de los factores que más causa pérdidas en las empresas es la alta rotación de personal. Teniendo en cuenta que la mayoría de las personas no se van de sus empleos, se van de sus jefes.

Recientemente un amigo me comento una situación. En el conjunto residencial donde él vive uno de los empleados renunció porque en otra empresa le pagaban un poco más que en la que estaba laborando. Analizada la situación se llegó a la conclusión que salía más barato subirle el sueldo y mejorarle las condiciones laborales a ese empleado que contratar uno nuevo ya que el proceso de capacitación y entrenamiento de una nueva persona es mucho más costoso. Eso sin tener en cuenta que el empleado llevaba varios años laborando en la empresa, realizaba una excelente labor, era una persona honrada y de absoluta confianza, algo difícil de encontrar en esta época. 

O cambiamos o nos cambian, por otro o por otra y por lo general siempre gana el mejor postor, el que mejores condiciones ofrezca. Es importante entonces evaluar el costo beneficio. Es necesario analizar detenidamente a que se debe la alta rotación de personal en nuestras empresas, la deserción escolar en nuestras academias, los divorcios, las migraciones, etc. etc. 

Si bien es cierto la retribución económica por la labor que realizamos es de vital importancia y de hecho por eso la hacemos, también es cierto que las condiciones laborales son de suma importancia y se cambia de hogar, de empresa, de ciudad o de país buscando precisamente mejores oportunidades, mejor calidad de vida. No en vano las grandes multinacionales están invirtiendo fuertes cantidades de dinero en hacer la vida laboral de sus empleados más llevadera. Reconocen que invertir en su gente es un excelente negocio. 

La pregunta es ¿Cuánto está invirtiendo usted en su gente? Recuerde que capacitar al personal puede ser costoso, no hacerlo es más costoso aún, es una de las principales causas de la quiebra de las empresas. De igual forma pienso que, cuando se paga el mínimo, se obtiene el mínimo esfuerzo ya que cuando se contrata a una persona no solo se contratan dos brazos sino que esos brazos están acompañados de una mente que puede generar mucho más dinero que esos brazos, si se tienen en cuenta las ideas que produce.

Alguien decía que se ha sacado más oro de la mente humana que de la misma tierra. Y es que cuando se paga con cacahuetes, son los monos los que trabajan. Las preguntas son: ¿El salario que usted paga es coherente con las exigencias laborales? ¿Lo que usted le esta exigiendo a su ser querido, está plenamente justificado? Recuerde que el inconformismo laboral o familiar es una bomba de tiempo que tarde que temprano explotara y lo hará en el momento más inoportuno.  

¿Cuántas veces los empresarios buscan fuera de sus empresas lo que tienen dentro? Personas que conocen las fortalezas y debilidades de la empresa y que saben exactamente qué hacer para superarlas pero que no son tenidas en cuenta ya sea porque no tienen la preparación académica, porque son muy jóvenes, porque son muy viejas o porque simplemente no tienen “el perfil” que se busca. 

Un caso similar se presenta en muchos países con la llamada fuga de cerebros. Científicos a los cuales no estimulan para realizar sus investigaciones y prefieren marcharse a otros países donde si son valorados y tenidos en cuenta. Ejemplos, los que usted quiera. Las grandes potencias les deben mucha parte de sus triunfos financieros y tecnológicos a personas que han venido de otros países. De igual forma sucede en nuestro entorno familiar y empresarial. Dejamos ir a nuestros “seres queridos” o a nuestros empleados por no dar el brazo a torcer, por no dialogar, por no negociar, por no ceder.
Vale la pena recordar la frase del director técnico de futbol Francisco Maturana cuando decía que “perder es ganar”. Posiblemente ese aumento de sueldo afecte el presupuesto de la empresa, pero le aseguro que lo que se gasta en capacitar a una nueva persona, tarde que temprano se verá reflejado en los estados financieros de la empresa porque muchas veces pasa que el nuevo empleado no se adapta a la empresa o la empresa a él y se debe comenzar otra vez en la búsqueda de la persona adecuada. 

Lo(a) invito pues a reflexionar un poco sobre mi blog. A pensar porque ese ser querido o empleado esta aburrido con usted y que le están ofreciendo en otra parte. A pensar lo que dice la canción “mama ¿qué será lo que quiere el negro?”. Se sorprenderá que muchas veces no es lo que usted piensa.





lunes, 14 de marzo de 2016

Trabajo en equipo


Mucho se habla en las empresas de trabajar en equipo, la pregunta que me hago cada que me invitan a una empresa para realizar capacitación es: ¿Realmente los directivos y mandos medios trabajan en equipo? Siempre he dicho en todas mis publicaciones que las empresas son fiel reflejo de sus dirigentes y que no hay malas empresas sino malos empresarios. Constantemente me encuentro con directivos para los cuales el trabajo en equipo solo lo deben realizar sus subordinados ya que ellos se consideran productos terminados y después de ellos no hay nadie pues practican la ley de azadón, todo para acá y nada para allá. 

Pero ¿Qué es realmente trabajar en equipo? El ejemplo más claro lo dan los antiguos relojes que contaban con un intrincado mecanismo que hacía que el reloj mostrara la información que de él se necesitaba, como la hora por ejemplo, aunque existen otros que no solo dan la hora sino otra gran cantidad de información dependiendo de la sofisticación de su mecanismo. La pregunta es ¿Cuál de todas las piezas que compone el reloj es la más importante? Todas son importantes, desde la más pequeña hasta la más grande ya que si cualquiera de ellas falla, el reloj se detiene o comienza dar una información equivocada. 

Me agradan las carreras de automóviles de fórmula uno, es impresionante ver como los equipos de las diferentes escuderías están tan supremamente bien entrenados, que cuando el vehículo llega a pits, un enjambre de mecánicos lo rodean y en pocos segundos le hacen cualquier cantidad de cosas para que el vehículo pueda seguir en competición. ¿Qué pasaría si uno de esos mecánicos no hiciera bien su trabajo? La vida del conductor y quizás de muchos otros estaría en peligro. Y así por el estilo existen cualquier cantidad de ejemplos de lo que es trabajar en equipo.

Es el caso del futbol, que cuando el equipo hace goles, todos los miembros del equipo son unas maravillas pero cuando el equipo va mal, el primero que sale es el técnico, la pregunta que siempre me hago es ¿Quiénes son realmente los que están en la cancha jugando? Yo siempre veo al técnico al borde de un ataque de nervios viendo como sus jugadores cometen cualquier cantidad de errores y que no son capaces de meter goles cuando supuestamente todos los jugadores saben lo que deben hacer. La pregunta es ¿Por qué no los hacen? Por una sencilla razón, se les ha olvidado jugar; para ellos su labor se ha convertido en una obligación y por lo tanto ya no disfrutan lo que hacen, están tan presionados a mostrar resultados que ya no se divierten. Es por eso que no me gusta el futbol profesional, me divierto más viendo a los niños jugar y meter muchos goles pues veo en ellos la pasión que han perdido muchos de sus endiosados ídolos. 

Dejando a un lado el llamado deporte de emociones y continuando con el ejemplo de las empresas, existen las llamadas “ruedas sueltas”, personas que piensan y actúan por su cuenta sin tener en cuenta a sus compañeros de trabajo e incluso difícilmente obedecen las instrucciones, convirtiéndose en un verdadero dolor de cabeza y fuentes de conflictos. ¿Qué hacer con ellas? Siempre se ha dicho que lo que no sirve, estorba. Siempre debe primar el bien común al bien particular. Esas personas que son cusumbos solos, posiblemente sean unas eminencias, que están muy bien capacitadas pero mal educadas ya que ponen en riesgo no solo la empresa sino la estabilidad emocional de todos los que en ella laboran. 

Y es que no hay nada más desagradable que tener a un compañero o directivo respirándole a uno en la nuca. Que se convierten en cámaras de video integradas al circuito cerrado de televisión de la empresa para irle a contar a su superior lo que está o no haciendo el desafortunado empleado con el fin de ganar indulgencias con padrenuestros ajenos. Y hablando de circuitos cerrados de televisión, los cuales son muy importantes para mejorar la seguridad, se han convertido en los generadores de estrés más grandes de las empresas ya que los empleados se sienten constantemente vigilados, supervisados y monitoreados por sus jefes desde cualquier lugar del planeta donde se encuentren ya que gracias a Internet, estos sistemas se pueden conectar a la red de tal forma que así el directivo este en el otro lado del planeta, es como si estuviera al lado de sus empleados. 

Con todo respeto permítanme preguntarle a esos directivos: si ustedes no confían en su gente, ¿para que los tiene laborando en su empresa? El empleado mamagallista, mal intencionado y perezoso, así tenga una cámara de televisión siempre detrás de él, encontrara la forma de hacerle creer a su jefe que está muy juicioso laborando cuando en realidad lo que esta es perdiendo el tiempo, la mayoría de las veces por falta de sentido de pertenencia, otras veces para demostrarle a su jefe que así lo estén vigilando él siempre hará lo que le venga en gana.

Trabajar en equipo es cuando cada uno de los empleados de la empresa sabe que el futuro de ella y por ende de ellos, depende que cada persona tenga la suficiente iniciativa para hacer lo que debe hacer bien hecho y sin que nadie se lo ordene o lo estén vigilando. Soy de las personas que piensa que en las empresas no debería haber personal de control de calidad, porque si cada persona hace bien su labor ¿para qué necesita que alguien lo verifique? Es un hecho que si las empresas tienen personal de control de calidad es que no confían en su personal por lo tanto deben incrementar sustancialmente sus gastos operativos contratando supervisores que supervisen a los supervisores y así sucesivamente. 

Si el dinero que gastan en personal para supervisar lo invirtieran en capacitar y mantener motivado al personal que está realizando las diferentes labores, las empresas se ahorrarían cualquier cantidad de dinero y dolores de cabeza pensando cómo superar crisis que la mayoría de las veces son generadas al interior de las mismas empresas por empleados aburridos que no ven la hora de salir de sus turnos laborales para “respirar aire fresco” y gozar de un poco de privacidad y digo un poco porque cada vez son más los “ojos” que nos vigilan desde todos los lugares e incluso desde el espacio ¡que susto!