sábado, 1 de junio de 2019

El siguiente nivel.


Hace algunos días mi gran amigo el profesor Juan Carlos Yépez, hizo en su cuenta de Facebook una pregunta bien interesante y era algo así como ¿Que hacer para que las empresas pasaran al siguiente nivel? Le hice un comentario a su mensaje diciendo que la mejor forma era que todos los integrantes de la empresa fueran humanos, tan solo humanos, tan sencillo como eso, pero tan difícil como eso.

Me refería a que la mayoría de las veces realizamos nuestras actividades por inercia, en forma automática. Literalmente nos conectamos a nuestras herramientas de trabajo y realizamos nuestras labores sin tomar plena conciencia de lo que estamos haciendo y como las estamos haciendo. Dicho de otra forma, no nos evaluamos a nosotros mismos y por lo general son otras personas las que nos evalúan, las que nos dicen si lo que estamos haciendo lo hacemos bien o mal.

Y así pasan las horas, los días, las semanas, los meses y los años y somos como ratones en un molinete, de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, esperando que llegue el fin de semana para “cambiar” un poco la rutina. La pregunta es ¿hasta cuándo? 

Curiosamente sabemos la respuesta, pero no nos atrevemos a contestarla por físico miedo a tomar decisiones que pondrían en riesgo nuestra “estabilidad” económica y emocional.
Nada hay más perjudicial para una empresa que tener zombis como empleados. Seres humanos que se convierten en máquinas y que por lo tanto no piensan, no razonan, no son conscientes de la importancia de la labor que realizan y al no ser conscientes de la importancia que tiene para la empresa la labor que realizan, no hacen nada para mejorarla, por lo tanto, la empresa no pasa al siguiente nivel.

Es necesario entonces que las personas que laboran en una empresa se comporten como seres humanos, seres emocionales, seres pensantes y actuantes pues en la medida que lo hagan van a interactuar, van a relacionarse mejor con los clientes internos y externos de la empresa y lo que es más importante, van a ser más felices.

Se solía decir que los problemas de la casa se dejan en la casa e igualmente que los problemas del trabajo se dejan en el trabajo. Algo desde todo punto de vista ilógico ya que un problema es como un dolor, a donde quiera que uno vaya lo siente. Es imposible desligar la parte personal con la parte profesional o laboral. Las dificultades que se presentan en nuestra vida, independientemente de donde se presentan nos afectan y por ende afectan nuestro entorno, nuestro rendimiento.

No en vano las grandes empresas están invirtiendo cada vez más en mejorar la calidad de vida de sus colaboradores ofreciéndoles mayores comodidades para realizar sus labores, lo cual no es nada altruista, sino que es simple y llanamente un excelente negocio, ya que una persona feliz rinde mucho más, lo cual redunda en las utilidades y en el crecimiento de la empresa, por lo tanto, las personas felices hacen que las empresas pasen a un siguiente nivel.

Permítanme entonces con todo respeto amable lector hacerle la pregunta del millón ¿es usted feliz en la actividad que realiza? Si la respuesta es positiva, ¡Felicitaciones!, si no lo es, es el momento que tome la decisión de ponerse en acción. Recuerde que en la vida lo único seguro es que no hay nada seguro. Esa labor que desempeña y que aparentemente le está dando una estabilidad económica pero que lo hace infeliz, simplemente lo que está haciendo es restándole tiempo y calidad de vida.

Los “TENGO QUE”, es lo que más lleva a la gente a los hospitales y a los cementerios. Lo único que usted TIENE que ser, es ser feliz y hacer feliz a los que lo rodean, de esta forma tanto usted como su empresa pasará al siguiente nivel.



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