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domingo, 30 de junio de 2024

Dar sin que nos pidan.


"Bueno es dar cuando nos piden; pero mejor es dar sin que nos pidan, como buenos entendedores" (Khalil Gibran) 

Siempre se ha dicho que para un buen entendedor con pocas palabras basta.   

Hace poco me encontré con un “amigo” al cual hacía algún no veía y quien aparentemente se alegró al verme. La verdad es que no pudo evitar el encuentro ya que estaba sentado en su flamante vehículo, al parecer esperando a alguien. En pocos minutos me contó de las empresas que tenía, de los estudios que había realizado y de los que estaba realizando. Yo simplemente lo deje que hablara, en ningún momento me pregunto algo sobre mi o sobre mi familia, siempre hablaba de él y de lo exitoso que era. Me dijo que se había enterado de mi revés económico y lo mucho que lo lamentaba. Sin embargo no dijo nada sobre querer ayudarme pese a que acababa de contarme de las empresas que tenía y de lo bien económicamente que estaba. 

Cuando se marchó, no sin antes despedirse de mí con una enigmática sonrisa, me quede pensando lo que hace el dinero en las personas, a muchas de las cuales vuelve insensibles, indiferentes, distantes y son de las que lo miran a uno por encima del hombro o a veces ni eso. Sabía que mi “amigo” hubiera podido hacer mucho por mí pues conocía su gran poder económico. ¿Qué habría pasado si le hubiera pedido ayuda? Posiblemente me hubiera ayudado, sin embargo, la pregunta es ¿A qué buen amigo es necesario pedirle ayuda sabiendo nuestras dificultades? 

A usted que está leyendo este articulo quiero hacerle una pregunta ¿A quién ha ayudado hoy sin que esa persona se lo haya solicitado? Dirá usted que no tiene económicamente nada para dar, lo cual puede ser cierto. Pero, ¿Qué tal si comienza a dar de lo que usted tiene en abundancia? ¿Sabía usted que el mejor regalo es aquel que no pueda comprar con dinero? ¿Qué tal si hoy, sin decir absolutamente nada, le da un abrazo sincero a esa persona con la cual usted convive, labora o permanece la mayor parte del tiempo? Le anticipo que debe estar preparado(a) para una reacción no siempre muy agradable, porque es muy probable le pregunten que le está pasando, si está consumiendo alguna droga de esas raras, si tiene fiebre o si piensa que se va a morir y ya se está despidiendo, ya que por lo general, no estamos acostumbrados a ese tipo de manifestaciones. 

Recuerde que hay personas tan pobres tan pobres que lo único que tienen es dinero. Dar sin necesidad de que nos pidan es quizás la mayor obra de misericordia. Le sugiero volver a leer un artículo que publique recientemente (http://onofrerestrepo.blogspot.com.co/2015/08/los-pobres-vergonzantes.html) en el cual escribo al respecto.

Siempre se ha dicho que el dinero no hace la felicidad, idea que respeto pero no comparto, ya que podemos hacer felices a muchas personas con dinero o sino que lo digan las personas que en un momento dado son favorecidas con una ayuda económica que no esperaban. Pienso que los que dicen que el dinero no es importante es porque nunca lo han tenido o no lo han sabido utilizar. Por supuesto que el dinero es importante, otra cosa es que nos fanaticemos y estemos dispuestos a hacer cualquier cosa por conseguirlo. Recordemos la frase de Voltaire cuando decía “Quien cree que el dinero lo hace todo, acaba haciendo de todo por dinero”

La Madre Teresa de Calcuta afirmaba que: "quien no vive para servir, no sirve para vivir". Reflexione sobre lo mucho que puede hacer en pro de sus semejantes. Claro que si usted es de los que interpretan mal el más grande mandamiento de "Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu" y ese dios es el dinero, ahí si no hay nada que hacer porque no podrás practicar el segundo mandamiento de "y al prójimo como a ti mismo"

jueves, 21 de septiembre de 2023

Doctoritis aguda


LA DOCTORITIS AGUDA

Es una enfermedad que por lo general padecen los profesionales, los personajes de la farándula, de la política, de las religiones y por aquellos que tienen algún tipo de poder respaldado por las armas o el dinero. Se manifiesta por brotes de arrogancia, egoísmo, narcisismo, vanidad, egocentrismo, soberbia, altanería, orgullo exagerado y una autoimagen inflada. Su prepotencia les impide aceptar tratamientos a base de altas dosis de humildad, modestia y sencillez. 


Dirá usted amable lector que estoy exagerando, pero es la verdad. Más que una enfermedad se ha convertido en una epidemia en mi hermoso país Colombia. La verdad no sé si en otras partes del planeta también se presente, espero que no porque en realidad las personas que sufren de este padecimiento son insoportables.

Existen personas que cuando ostentan algún poder económico, político, religioso o han tenido la oportunidad de cursar estudios en alguna academia, llámese escuela, colegio, universidad, etc. y más si ésta es privada, se creen más que sus congéneres. Lo curioso de todo esto es que esas personas, para ellos “analfabetas”, tienen a su servicio una gran cantidad de profesionales, porque, es un hecho que la academia no garantiza que una persona pueda triunfar. Ejemplos los que quiera. Personas que no terminaron sus estudios y sin embargo son dueños de grandes fortunas como es el caso de los señores Bill Gates de Microsoft, Amancio Ortega de Almacenes Zara, Mark Zuckerberg de Facebook, Richard Branson de Virgin y así por el estilo muchos que prefirieron "desertar de las academias" y luchar por sus sueños hasta hacerlos realidad. 

Los académicos, entonces, con su gran cumulo de conocimientos y de ego murales que literalmente tapizan las paredes de sus oficinas con cualquier cantidad de diplomas, certificados, menciones de honor, trofeos, etc., de los cuales se sienten muy orgullosos, porque, no desaprovechan la oportunidad para mostrarlos narrando como los consiguieron, por lo general sufren de esa terrible enfermedad llamada “doctoritis aguda”. Dirá usted que soy un resentido o envidioso porque quizás no he podido lograr todo lo que ellos lograron y lo más probable es que sea verdad, pues a quien no le gustaría poseer todos esos títulos y distinciones. Aunque, lo que en este artículo quiero resaltar es el curioso comportamiento de algunos (no todos afortunadamente), profesionales que distan mucho de practicar su profesión con profesionalismo.

Lo más triste de todo es que, he comprobado que algunos profesionales no son coherentes ni consecuentes con los doctorados que han realizado, porque, si bien es cierto han triunfado en su vida profesional y laboral, luego de esclavizar a muchas personas, su vida personal y familiar es un verdadero desastre.

Hace poco fui invitado por una prestigiosa universidad de mi ciudad Medellín, Colombia, a dictar un conversatorio basado en uno de mis libros. Allí, tuve la oportunidad de conocer a un prestigioso psicólogo. Después de la reunión me invitaron a almorzar. Para no hacer más larga la historia, durante el almuerzo el famoso doctor nos aburrió con toda una cátedra sobre las últimas investigaciones en las que él participaba, las cuales iban a tener una gran trascendencia a nivel nacional e internacional. Fue todo un tratado de psicología del más alto nivel, tan alto que algunos de los que participábamos del almuerzo poco entendimos debido al vocabulario tan rebuscado y técnico que utilizo el famoso médico.

Días después, me entere que aquel famoso psicólogo había estado internado en varias ocasiones en algunos sanatorios debido a las depresiones que le habían causado sus cuatro divorcios, fuera de las rehabilitaciones por alcoholismo y drogadicción. Obviamente, no quiero juzgar o criticar al doctor, porque, cualquiera puede caer en el devastador mundo de los vicios y las adicciones, el cual no respeta profesión, raza, credo, color o nivel social. Sin embargo, me pregunto, ¿Cómo es posible que una persona con tantos estudios haya hecho de su vida un verdadero infierno? 

Tal y como lo manifiesto en mi libro “Estamos bien capacitados, pero mal educados”, porque, una cosa es la educación basada en principios y valores, la cual se adquiere en el hogar y otra la capacitación en diferentes áreas de conocimiento, la cual se adquiere en la academia. Esas personas, que por tener mucho dinero o capacitación se creen más que los demás y que maltratan física o verbalmente a las personas menos afortunadas, son las que propician que muchos seres humanos se mantengan al borde de un ataque de nervios. 

Lo(a) invito pues a examinarse detenidamente para evaluar si usted sufre de la terrible enfermedad de la “doctoritis aguda”, de ser así, le sugiero que busque ayuda profesional o mejor aún, comience por tomarse diariamente una cucharadita de humildad en la mañana, otra de modestia al medio día y otra de sencillez en la noche. Vera como su vida y la de las personas que lo(a) rodean cambiara sustancialmente y serán más felices.

domingo, 25 de junio de 2023

Las palabras que no van seguidas de los hechos no valen para nada.


Al igual que esta frase atribuida al político ateniense Demóstenes (382-322 a.C) podríamos encontrar muchas otras como aquella que dice que “los hechos dicen más que las palabras” cuyo autor desconozco y por eso no le doy el crédito que merece. 

Y es que hay personas que hablan más de la cuenta, que prometen el oro y el moro, que no saben hacer dos cosas al mismo tiempo, prometer y cumplir.  Personas a las cuales se les hace muy fácil mentir o montar unas películas cuyos guiones quisieran los mejores directores de cine. Son los llamados terroristas de la palabra, los cuales utilizan esta poderosa herramienta para cautivar incautos, para manipular pueblos enteros. Ejemplos los que usted quiera. Durante la historia de la humanidad han existido personajes que con el poder de la palabra han dominado naciones y también las han llevado a la guerra y a la destrucción. Sin embargo hoy no me quiero referir a este tipo de seres humanos. Hoy quiero referirme a las personas que dicen una cosa y hacen otra, que no son coherentes ni consecuentes con su discurso. Son las personas que hablan de felicidad, pero son las más infelices. Hablan de libertad financiera, pero no tienen dinero. Hablan de amor, pero en todos sus actos se ve el odio y el rencor. Que hablan de paz, pero que con sus acciones causan el mayor daño. Hablan de grandes negocios y empresas y nunca han tenido una. Que hablan de triunfar en la vida cuando nunca han fracasado porque nunca han intentado hacer nada. Que hablan de moralidad, de principios y de valores, pero que son los más corruptos. 

Son personas que como dice el adagio popular, son “luz de la calle y oscuridad de la casa” y cuando me refiero a la casa no solo me refiero al espacio físico en sí, sino a la principal casa de todas, a nuestro cuerpo, a ese templo en el cual mora esa energía creadora y conservadora del universo que es nuestro padre Dios. Son personas que fingen lo que no son, dicen lo que no sienten y por supuesto viven en un mundo de apariencias. Son personas que están solas rodeadas de muchas otras. No es de extrañar entonces que algunas lleguen a cometer uno de los actos más difíciles de explicar cómo es el suicidio, ya que, entrar a criticar los que toman tan fatal decisión sería temerario pues nadie sabe a ciencia cierta que puede pasar por la mente de un ser humano cuando decide acabar con su vida. 

Es entonces cuando debemos preguntarnos quienes somos y no que somos. Cuando se le pregunta a alguien quien es, por lo general trae a colación sus estudios, su profesión, el arte o el oficio que desempeña, sin embargo eso es que es, no quién es. En mi hermoso país Colombia, buena parte de la población sufre de “doctoritis aguda”. En un blog anterior hablaba de los académicos que poseen cualquier cantidad de títulos universitarios, pero que se comportan peor que cavernícolas. Son personas muy bien capacitadas, pero mal educadas. Como decía el filósofo y escritor británico James Allen (1864-1912) “El hombre es lo que piensa” y yo le añadiría, que el hombre es lo que piensa y lo que hace. De tal forma que si se habla más de la cuenta y no se hace lo que se dice, simplemente esa persona es una embustera.

A veces se encuentra uno con “sabios” que dicen saber hacer muchas cosas, pero que a la hora de la verdad, como decimos aquí en Colombia son “mucho tilín tilín y nada de paletas”, frase que hace referencia a las personas que venden helados por las calles y que se anuncian mediante unas campanitas las cuales hacen sonar pero cuando uno va a comprarles algo, no tienen helados. Un ejemplo de esto son los políticos, que prometen cosas que difícilmente pueden cumplir solo para hacerse elegir o cuando se quiere conquistar a alguien que se dicen y se hacen cosas solo con el fin de lograr el objetivo. Infortunadamente después que logran sus objetivos, sale a flote la verdadera persona y los resultados son catastróficos. 

Qué bueno sería que nos respetáramos y respetáramos a los demás, solo así dejaríamos de hablar tonterías. Un proverbio Alemán dice que “guarda silencio o di algo mejor que el silencio”. Si no tenemos algo bueno que decir de algo o de alguien, mejor quedémonos callados, hacemos más y herimos menos. 

Como dice el escritor colombiano Alfredo Sterling, “Una bala hiere el cuerpo, una palabra hiere el alma”. Una herida física cicatriza en cambio difícilmente podemos olvidar una palabra que nos hirió el alma. Recordemos que cuando hablamos mal de los demás, lo estamos haciendo de nosotros mismos ya que somos fiel reflejo de lo que decimos y hacemos.

Somos lo que hacemos no lo que decimos ser. Es muy probable que hayamos tenido la oportunidad de asistir a prestigiosas academias y haber cursado estudios universitarios, posgrados, doctorados, etc. Pero por aquellos azares del destino terminamos haciendo cosas muy diferentes a las que estudiamos. En mi país Colombia por ejemplo encontramos personas que tienen títulos universitarios pero que desempeñan labores como la de taxista, y no con esto estoy desmeritando tan importante labor pues yo mismo la ejercí por varios años cuando era joven; a lo que me refiero es que así el conductor de ese vehículo sea una persona académicamente muy preparada, la verdad es que es un taxista ya que no somos lo que decimos ser sino lo que hacemos.

En mi caso por ejemplo, en los últimos años me he dedicado a escribir, por lo tanto, independientemente de los estudios que haya realizado, actualmente soy escritor y yo diría que siempre lo he sido porque mis primeros escritos los realice en mi adolescencia.

Lo invito pues amigo lector a reflexionar un poco sobre lo que dice y hace, a no generar falsas expectativas, a no hacer promesas que no pueda cumplir, a hablar menos y hacer más. El mundo necesita más hacedores y menos predicadores que predican pero no aplican.