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domingo, 30 de junio de 2024

Dar sin que nos pidan.


"Bueno es dar cuando nos piden; pero mejor es dar sin que nos pidan, como buenos entendedores" (Khalil Gibran) 

Siempre se ha dicho que para un buen entendedor con pocas palabras basta.   

Hace poco me encontré con un “amigo” al cual hacía algún no veía y quien aparentemente se alegró al verme. La verdad es que no pudo evitar el encuentro ya que estaba sentado en su flamante vehículo, al parecer esperando a alguien. En pocos minutos me contó de las empresas que tenía, de los estudios que había realizado y de los que estaba realizando. Yo simplemente lo deje que hablara, en ningún momento me pregunto algo sobre mi o sobre mi familia, siempre hablaba de él y de lo exitoso que era. Me dijo que se había enterado de mi revés económico y lo mucho que lo lamentaba. Sin embargo no dijo nada sobre querer ayudarme pese a que acababa de contarme de las empresas que tenía y de lo bien económicamente que estaba. 

Cuando se marchó, no sin antes despedirse de mí con una enigmática sonrisa, me quede pensando lo que hace el dinero en las personas, a muchas de las cuales vuelve insensibles, indiferentes, distantes y son de las que lo miran a uno por encima del hombro o a veces ni eso. Sabía que mi “amigo” hubiera podido hacer mucho por mí pues conocía su gran poder económico. ¿Qué habría pasado si le hubiera pedido ayuda? Posiblemente me hubiera ayudado, sin embargo, la pregunta es ¿A qué buen amigo es necesario pedirle ayuda sabiendo nuestras dificultades? 

A usted que está leyendo este articulo quiero hacerle una pregunta ¿A quién ha ayudado hoy sin que esa persona se lo haya solicitado? Dirá usted que no tiene económicamente nada para dar, lo cual puede ser cierto. Pero, ¿Qué tal si comienza a dar de lo que usted tiene en abundancia? ¿Sabía usted que el mejor regalo es aquel que no pueda comprar con dinero? ¿Qué tal si hoy, sin decir absolutamente nada, le da un abrazo sincero a esa persona con la cual usted convive, labora o permanece la mayor parte del tiempo? Le anticipo que debe estar preparado(a) para una reacción no siempre muy agradable, porque es muy probable le pregunten que le está pasando, si está consumiendo alguna droga de esas raras, si tiene fiebre o si piensa que se va a morir y ya se está despidiendo, ya que por lo general, no estamos acostumbrados a ese tipo de manifestaciones. 

Recuerde que hay personas tan pobres tan pobres que lo único que tienen es dinero. Dar sin necesidad de que nos pidan es quizás la mayor obra de misericordia. Le sugiero volver a leer un artículo que publique recientemente (http://onofrerestrepo.blogspot.com.co/2015/08/los-pobres-vergonzantes.html) en el cual escribo al respecto.

Siempre se ha dicho que el dinero no hace la felicidad, idea que respeto pero no comparto, ya que podemos hacer felices a muchas personas con dinero o sino que lo digan las personas que en un momento dado son favorecidas con una ayuda económica que no esperaban. Pienso que los que dicen que el dinero no es importante es porque nunca lo han tenido o no lo han sabido utilizar. Por supuesto que el dinero es importante, otra cosa es que nos fanaticemos y estemos dispuestos a hacer cualquier cosa por conseguirlo. Recordemos la frase de Voltaire cuando decía “Quien cree que el dinero lo hace todo, acaba haciendo de todo por dinero”

La Madre Teresa de Calcuta afirmaba que: "quien no vive para servir, no sirve para vivir". Reflexione sobre lo mucho que puede hacer en pro de sus semejantes. Claro que si usted es de los que interpretan mal el más grande mandamiento de "Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu" y ese dios es el dinero, ahí si no hay nada que hacer porque no podrás practicar el segundo mandamiento de "y al prójimo como a ti mismo"

jueves, 21 de septiembre de 2023

Doctoritis aguda


LA DOCTORITIS AGUDA

Es una enfermedad que por lo general padecen los profesionales, los personajes de la farándula, de la política, de las religiones y por aquellos que tienen algún tipo de poder respaldado por las armas o el dinero. Se manifiesta por brotes de arrogancia, egoísmo, narcisismo, vanidad, egocentrismo, soberbia, altanería, orgullo exagerado y una autoimagen inflada. Su prepotencia les impide aceptar tratamientos a base de altas dosis de humildad, modestia y sencillez. 


Dirá usted amable lector que estoy exagerando, pero es la verdad. Más que una enfermedad se ha convertido en una epidemia en mi hermoso país Colombia. La verdad no sé si en otras partes del planeta también se presente, espero que no porque en realidad las personas que sufren de este padecimiento son insoportables.

Existen personas que cuando ostentan algún poder económico, político, religioso o han tenido la oportunidad de cursar estudios en alguna academia, llámese escuela, colegio, universidad, etc. y más si ésta es privada, se creen más que sus congéneres. Lo curioso de todo esto es que esas personas, para ellos “analfabetas”, tienen a su servicio una gran cantidad de profesionales, porque, es un hecho que la academia no garantiza que una persona pueda triunfar. Ejemplos los que quiera. Personas que no terminaron sus estudios y sin embargo son dueños de grandes fortunas como es el caso de los señores Bill Gates de Microsoft, Amancio Ortega de Almacenes Zara, Mark Zuckerberg de Facebook, Richard Branson de Virgin y así por el estilo muchos que prefirieron "desertar de las academias" y luchar por sus sueños hasta hacerlos realidad. 

Los académicos, entonces, con su gran cumulo de conocimientos y de ego murales que literalmente tapizan las paredes de sus oficinas con cualquier cantidad de diplomas, certificados, menciones de honor, trofeos, etc., de los cuales se sienten muy orgullosos, porque, no desaprovechan la oportunidad para mostrarlos narrando como los consiguieron, por lo general sufren de esa terrible enfermedad llamada “doctoritis aguda”. Dirá usted que soy un resentido o envidioso porque quizás no he podido lograr todo lo que ellos lograron y lo más probable es que sea verdad, pues a quien no le gustaría poseer todos esos títulos y distinciones. Aunque, lo que en este artículo quiero resaltar es el curioso comportamiento de algunos (no todos afortunadamente), profesionales que distan mucho de practicar su profesión con profesionalismo.

Lo más triste de todo es que, he comprobado que algunos profesionales no son coherentes ni consecuentes con los doctorados que han realizado, porque, si bien es cierto han triunfado en su vida profesional y laboral, luego de esclavizar a muchas personas, su vida personal y familiar es un verdadero desastre.

Hace poco fui invitado por una prestigiosa universidad de mi ciudad Medellín, Colombia, a dictar un conversatorio basado en uno de mis libros. Allí, tuve la oportunidad de conocer a un prestigioso psicólogo. Después de la reunión me invitaron a almorzar. Para no hacer más larga la historia, durante el almuerzo el famoso doctor nos aburrió con toda una cátedra sobre las últimas investigaciones en las que él participaba, las cuales iban a tener una gran trascendencia a nivel nacional e internacional. Fue todo un tratado de psicología del más alto nivel, tan alto que algunos de los que participábamos del almuerzo poco entendimos debido al vocabulario tan rebuscado y técnico que utilizo el famoso médico.

Días después, me entere que aquel famoso psicólogo había estado internado en varias ocasiones en algunos sanatorios debido a las depresiones que le habían causado sus cuatro divorcios, fuera de las rehabilitaciones por alcoholismo y drogadicción. Obviamente, no quiero juzgar o criticar al doctor, porque, cualquiera puede caer en el devastador mundo de los vicios y las adicciones, el cual no respeta profesión, raza, credo, color o nivel social. Sin embargo, me pregunto, ¿Cómo es posible que una persona con tantos estudios haya hecho de su vida un verdadero infierno? 

Tal y como lo manifiesto en mi libro “Estamos bien capacitados, pero mal educados”, porque, una cosa es la educación basada en principios y valores, la cual se adquiere en el hogar y otra la capacitación en diferentes áreas de conocimiento, la cual se adquiere en la academia. Esas personas, que por tener mucho dinero o capacitación se creen más que los demás y que maltratan física o verbalmente a las personas menos afortunadas, son las que propician que muchos seres humanos se mantengan al borde de un ataque de nervios. 

Lo(a) invito pues a examinarse detenidamente para evaluar si usted sufre de la terrible enfermedad de la “doctoritis aguda”, de ser así, le sugiero que busque ayuda profesional o mejor aún, comience por tomarse diariamente una cucharadita de humildad en la mañana, otra de modestia al medio día y otra de sencillez en la noche. Vera como su vida y la de las personas que lo(a) rodean cambiara sustancialmente y serán más felices.

lunes, 10 de abril de 2023

La capacitación, un gasto o una inversión





Como consultor organizacional a veces me he encontrado con empresarios para los cuales la capacitación del personal es un gasto inoficioso. Por lo general son empresarios que, como decimos en Colombia, son “chapados a la antigua”, que no han evolucionado, muchos se han estancado y otros tantos han involucionado teniendo que cerrar sus empresas.

Y es que cuando la capacitación es considerada un gasto, necesariamente debemos analizar cuál es el perfil de la persona que está al frente de la empresa. Normalmente se encuentra uno con personas que acostumbran decirle a sus empleados o "esclavos" cosas tales como: “aquí siempre se han hecho las cosas así, por lo tanto no vemos la necesidad de cambiar” o “si no le gusta así, esa puerta es muy grande para salir y afuera están haciendo fila muchas personas para entrar a trabajar a esta empresa” y la verdad es que es así debido al desempleo que hay en el mundo. Son los tradicionales jefes que de liderazgo no saben nada. 

El futuro de las empresas administradas por este tipo de personas es incierto y cuando se ven obligados a cerrar justifican el hecho manifestando que la situación está muy difícil, que la competencia es extremadamente dura, que no hay con quien trabajar, que el gobierno no colabora, etc. etc. Excusas muy válidas pues nadie puede negar que hay situaciones que conllevan a tomar decisiones radicales, sin embargo, la gran mayoría de las empresas se hubieran podido salvar y con ellas miles de empleos, si los directivos no hubieran cogido el camino más difícil que es cerrar una empresa o el más fácil de haber agotado todas las posibilidades que por lo general siempre las hay. Es entonces cuando surgen los caza oportunidades, personas que adquieren las empresas en quiebra, les hacen una reestructuración a todo nivel y las sacan a flote con excelentes resultados. Demostrando con esto que “no hay malas empresas, lo que hay es malos empresarios”.

Quiero decirles que después de analizar detenidamente la quiebra de muchas empresas, he llegado a la conclusión que la mayoría de las veces, los únicos responsables de tales desastres financieros han sido los directivos, los administradores, los empresarios. Razones las que usted quiera, desde el despilfarro, la malversación de fondos, la corrupción, la burocracia, etc. hasta el egocentrismo de sus dirigentes empresariales y sindicales que por no dar el brazo a torcer prefirieron cerrar la empresa antes que negociar una salida “digna”, dejando sin empleo a miles de personas.

En cambio, encontramos afortunadamente empresarios que se mantienen actualizados y para los cuales la palabra capacitación literalmente significa capacitarse para la acción, por lo tanto, para ellos capacitar a sus colaboradores es una verdadera inversión ya que el retorno de lo invertido se les multiplicara por N veces. Dicho de otra forma, capacitar a su personal es un excelente negocio. ¿Ejemplos? Los que usted quiera, es sino que analice las actuales empresas más innovadoras a nivel mundial tales como Microsoft, Sony, Canon, Samsung, IBM, Google, etc. y podrá verificar que todas ellas, sin excepción, asignan presupuestos para la capacitación continua de su personal y algunas incluso tienen escuelas para mantenerlo actualizado.

Dirá usted que se trata de multinacionales que tienen mucho dinero para invertir en su personal, la pregunta es ¿Será que nacieron siendo grandes? No, ¿verdad? Son cada vez más grandes debido a que el personal que labora en ellas esta muy bien capacitado y orientado. Lo mejor de todo de estas empresas es que por lo general las personas que laboran en ellas son felices, independientemente de la labor que realizan en ellas, ya que la capacitación que reciben no solo les beneficia a nivel personal, profesional y laboral, sino a nivel familiar y social pues se convierten en personas de excelencia.

La capacitación del personal es una de las principales herramientas para que las empresas progresen. Como decía el magnate estadounidense del acero Andrew Carnegie (1835-1919) “El secreto de mi éxito fue rodearme de personas mejores que yo”. En la medida que el personal de la empresa esté capacitado y entrenado para realizar las labores que realizan, en esa misma medida darán el rendimiento que se espera de ellos, y si además de entrenarlos se mantienen motivados y se les tiene en cuenta como seres humanos que son importantes para la empresa, mucho mejor.


https://universovirtualcomunicaciones.com/

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Servicio al Cliente II: Actitud de servicio

En la entrega anterior les comentaba una de las experiencias que solo me pasan a mí. Como siempre mis amables lectores me escribieron algunos mensajes bien interesantes a mi correo electrónico. A todos ellos, gracias por seguirme. 

Continuando con el espinoso tema de servicio al cliente quiero compartir con ustedes algo bien interesante: El sistema metro de mi ciudad Medellín tiene un eslogan muy interesante que dice “Metro, calidad de vida”. Según me han comentado amigos que han tenido la oportunidad de conocer muchos sistemas de transporte masivo en varias ciudades del mundo, el metro de Medellín está ubicado entre uno de los mejores, no solo por el eficiente servicio que presta sino por el aseo, la seguridad y la atención que le brindan los funcionarios a los pasajeros. 

Como siempre lo he recalcado en mis libros. No hay que inventar lo que ya está inventado y funciona, lo que hay que hacer es mejorarlo. Miles de libros y muchas películas se han escrito y filmado sobre el tema de cómo brindar un servicio de excelencia. Verdaderos gurús han surgido en los últimos años expertos en tan delicado tema. Personas que cobran miles de dólares por sus servicios y a los cuales hay que agendarlos con meses y a veces años de anticipación debido a que se mantienen tan supremamente ocupados que no les queda tiempo de nada. Algunos incluso se dan el lujo de seleccionar a sus clientes y si no les pagan las astronómicas cifras que cobran, pues simplemente ni siquiera se dignan atender una llamada telefónica o contestar un mensaje. Y eso que son profesionales en servicio al cliente. 

Los millones que se ahorrarían las empresas si practicaran la regla de oro de servicio al cliente de “atender al cliente como quisiéramos ser atendidos”. El problema es que como la respuesta es tan simple no puede ser que algo sea tan supremamente fácil, por lo tanto lo complicamos. De igual forma como en el artículo pasado hable de la pésima atención que recibí de casi todos los funcionarios de un importante banco, hoy quiero referirme a la experiencia que tuve en cierta ocasión que visite la central de abastos de mi ciudad Medellín. Como casi no conocía el lugar le pregunte a uno de los venteros ambulantes donde podía encontrar un artículo que estaba buscando. Luego de ofrecerme los dulces que estaba vendiendo me guio por varios minutos hasta llevarme al sitio exacto donde encontraría el artículo. ¿Qué es eso si no un buen servicio? ¿Qué necesidad tenía el joven de guiarme el mismo? Como vendedor ambulante conocía las gigantescas instalaciones de la central mayorista pero fue su actitud de servicio la que me impacto. 

Mientas caminábamos le pregunte que estudios tenía y me dijo que él y su familia habían tenido que huir de su tierra de miedo de la guerrilla, que él solo sabía leer y escribir pues no había tenido oportunidad de estudiar y según me dijo sonriendo, ni falta le hacía pues económicamente le iba muy bien y era muy feliz vendiendo sus dulces, además estaba pensando en montar un negocio para vender frutas al por mayor. Es de anotar que el joven no quedo satisfecho sino hasta que yo compre el artículo que necesitaba y fue el mismo el que recateo el precio. Al salir del lugar dijo “Es que vea doctor, cuando a ustedes los ven tan elegantes les cobran mucho más de lo que vale el articulo por eso me quede con usted porque sabía lo que iba a pasar”. Quise darle una propina al joven por sus servicios pero no la acepto, me dijo que si quería colaborarle comprándole algunos dulces me lo agradecía pero que no era necesario que le pagara por un servicio que él hacía con el mayor de los gustos. Obviamente le compre algunos dulces y el joven se retiró sonriendo agradecido, no sin antes darme el número de su teléfono celular para que lo llamara en caso que necesitara algo de la Central Mayorista de Medellín. 

¿Interesante verdad? En la pasada entrega comentaba el servicio que me habían brindado algunos funcionarios de un prestigioso banco, lo más probable es que todos habían cursado importantes estudios en renombradas academias. En cambio el joven con el cual me había encontrado en la central de abastos no tenía estudios pero si una actitud de servicio a toda prueba. ¿Cuál sería el futuro de los funcionarios de aquel banco y de ese vendedor de dulces? Muy diferente. Lo más probable es que los empleados de aquel prestigioso banco continuarían siendo empleados por muchos años, en cambio aquel joven seguiría el ejemplo de muchos comerciantes multimillonarios que no tienen estudios pero si muchos empleados muy estudiados al servicio de ellos. 

Para brindar un servicio de excelencia se debe tener ante todo ACTITUD DE SERVICIO. Por muchos estudios que una persona realice, por muchos títulos universitarios que tenga, por muchos cursos de servicio al cliente a los cuales haya asistido, si la persona no tiene actitud de servicio, difícilmente esos estudios le van a servir de algo. Hay personas que no hacen nada si no obtienen una contraprestación económica por sus servicios. En cambio hay otras que así no les paguen por hacer algo, lo hacen con el mayor de los gustos y quizás mejor que si les estuvieran pagando. Alguien dijo alguna vez que para triunfar en la vida se requiere de un 95% de actitud y un 5% de aptitud. 

Próxima entrega: Servicio al Cliente III: El vicio de servir.

jueves, 30 de abril de 2020

5.000 "Amigos"

Permítanme con todo respeto hacerle dos preguntas amigo(a) lector(a), ¿es posible tener 5000 amigos?, quiero decir, amigos lo que se dice amigos o sea ¿aquellos que están con nosotros en las buenas, en las malas y más que todo en éstas últimas? Lo pregunto porque el tope máximo de “amigos” que uno puede tener en el país virtual más poblado del mundo, el cual tiene más de dos mil quinientos millones de habitantes o sea Facebook, solo permite tener esa cantidad de “amigos”.

Teniendo en cuenta que debido a mi profesión como escritor, Internet sabe más de mí que yo mismo y aunque mis “amigos” en Facebook no son tantos; durante este confinamiento producido por el coronavirus SARS-CoV-2 comprobé que, de los cientos de "amigos" que supuestamente tengo en las redes sociales, solo uno se comunica conmigo periódicamente para preguntarme como estoy yo y mi familia, algunos otros solo me envían mensajes alusivos a la pandemia, la mayoría de ellos con noticias falsas, pero la gran mayoría como que sucumbieron al virus y literalmente desaparecieron.

Uno a uno de mis "amigos" y familiares que tengo en mi lista de contactos los llame vía telefónica, con algunos logre comunicarme, extrañados y sorprendidos porque había utilizado un medio pasado de moda y lo primero que preguntaban era que si me pasaba algo, que si estaba enfermo, que si estaba contagiado del virus, que si había muerto alguien, etc. A otros les deje mensaje en su buzón de voz esperando una respuesta que nunca se dio.   

De ahí que dejé de utilizar el Smartphone o sea el teléfono “inteligente” y las comunicaciones con mis “amigos” prácticamente desaparecieron, ya que mi actual teléfono “flecha” no tiene acceso a Whatsapp ni a Instagram, lo cual demuestra que cada vez menos se utiliza el sistema de comunicación telefónica vía celular, razón por la cual las empresas de telefonía celular promueven más la paquetes de datos, los cuales traen minutos "ilimitados".

La comunicación de voz vía telefónica o sea, aquella en el cual se deben gastar minutos, y ni que hablar por medio del teléfono fijo, el cual, al parecer es un invento en vía de extinción, ya que el Whatsapp permite gravar un audio y luego enviarlo a la otra persona y así no gastar minutos de celular, se asemeja mucho a los radios de comunicación y lo único que falta decir es "¿me copia? adelante, le escucho, cambio".

En conclusión, con el respeto que me merece el señor Mark Elliot Zuckerberg y su muy prestigiosas redes sociales, uno allí no tiene amigos, de pronto seguidores y ni eso, porque muchas veces uno irresponsablemente acepta invitaciones de “amistad” sin pensarlo y cuando menos se piensa, le están escribiendo a uno personas que ni siquiera conoce a ofrecerle cualquier cantidad de "oportunidades de negocio", herencias o prestamos de bancos situados en los más extraños países, y no ha de faltar el incauto que caiga en esas redes mafiosas que lo único que buscan es aprovecharse de la necesidad del ser humano.

Ahora usted no se vaya a rasgar las vestiduras diciendo que estoy en contra de las redes sociales, por supuesto que no estoy en contra de ellas, al contrario, me parecen un invento bien interesante, es más, todo lo que tenga que ver con Internet me parece fantástico ya que considero a ese sistema de comunicación uno de los más grandes inventos del siglo pasado. Aunque, al igual que muchos inventos, como fue por ejemplo la energía nuclear, la cual sirve para muchas cosas positivas, pero si es mal utilizada o se sale de control, puede ocasionar cualquier cantidad de dificultades y eso mismo puede pasar con las redes sociales. 

Afortunadamente ya algunas redes sociales como Facebook, se han dado cuenta de ello y cada vez están estableciendo mayores controles antes que la red se salga de control y genere un caos y una devastación a nivel mundial de proporciones inimaginables porque, ¿Se imagina usted a más de dos mil quinientos millones de personas en una estampida virtual? No estoy exagerando al afirmar que el futuro de la humanidad y la estabilidad de nuestra casa, el planeta tierra, estaría en riesgo.

Volviendo al tema de los "amigos", sean estos virtuales o físicos, ya que no faltara quien esté pensando en este momento que soy “ave de mal agüero” y fatalista con eso de la estampida virtual debido al mal manejo de las redes sociales; amigos, lo que se dice amigos, tal vez los imaginarios, ya que como son creados a nuestra imagen y semejanza, son los mejores, ya que son solo nuestros.

Los invito pues a revisar no solo a los “amigos” virtuales que tiene en las redes sociales, sino a su círculo de amigos físicos y verifique cuáles son sus verdaderos amigos.

Ahora bien, recuerde que para tener amigos, hay que ser buen amigo. La pregunta es ¿Se considera usted un(a) buen(a) amigo(a)? o ¿es una de esas personas que solo es leal cuando sus amigos representan algo para usted y cuando sus necesidades cambian, así de fácil cambia su lealtad hacia ellos?


jueves, 11 de abril de 2019

¡Sueñe, que eso relaja!

 Conferencia ¡Sueñe, que eso relaja!

Hola amig@s, En mi blog de hoy los quiero invitar a ver mi conferencia ¡Sueñe, que eso relaja! basada en el mismo libro, el cual pueden adquirir en la editorial que me publica  www.amazon.com/author/onofre o solicitármelo totalmente gratis en formato PDF al correo electrónico: onofrerestrepo@gmail.com  Sus sugerencias y comentarios los pueden hacer en el espacio que hay lado derecho del vídeo. Espero lo disfruten y lo compartan con todas aquellas personas que quieran hacer realidad sus sueños y despertar de sus pesadillas.


Un abrazo. para tod@s. 

Onofre.  

martes, 15 de noviembre de 2016

Perder es ganar un poco


Esta frase del profesor Francisco Maturana generó mucha controversia en su momento, sin embargo, para los que hemos “fracasado” alguna vez en la vida ya sea en la salud, el dinero, el amor, la espiritualidad o a veces todas juntas, sabemos a lo que se refería el entrenador de futbol colombiano. 

El empresario estadounidense Lido Anthony Iacocca afirmaba que “preferiría no correr riesgos, pero la vida no me da otra opción”, otra frase al respecto es aquella que dice que “en la vida, lo único seguro es que no hay nada seguro”; sin embargo existen personas que prefieren jugar a lo seguro y evitan al máximo correr riesgos, los cuales obviamente hay que dimensionar, sopesar, evaluar y por supuesto analizar, evitando caer en la parálisis por análisis ya que cuando uno piensa demasiado una cosa no la hace. 

Lo curioso de todo, es que cuando nos damos contra el muro, cuando tocamos fondo, cuando todo por lo que hayamos luchado, se derrumba, aparecen los criticos, las aves de mal agüero, que por lo general son nuestros “seres queridos y amigos”, que con cara de satisfacción dicen cosas como: ¡se lo dije!, yo sabía que eso no iba a funcionar. Es que usted tiro el chorro muy alto. Es que el que mucho abarca, poco aprieta. La ambición rompe el saco. Es que de eso tan bueno no dan tanto. Es que lo que mal comienza, mal acaba. Es que si hubiéramos hecho las cosas como ellos dijeron, lo más seguro es que no habríamos fracasado, etc. etc. etc. , pero cuando uno les pregunta cuantas veces han triunfado en lo que uno quería hacer, por lo general siempre dicen que nunca, pero que aun así, ellos son unos verdaderos expertos en ese tipo de negocios.

Retomando la frase del profesor Maturana, en proyectos de emprendimiento, se suele perder tiempo y dinero, pero se gana experiencia y conocimientos y lo que es más importante, se ganan verdaderos amigos, aquellos que al darse cuenta de nuestro “fracaso” son los primeros en aparecer para decirnos cosas tales como: ¡Animo! Perdiste una batalla pero no la guerra. Cuenta conmigo. Aquí está mi mano, ¡levántate! Ven, analicemos que fue lo que paso e intentémoslo de nuevo, yo te ayudo, dime que necesitas. Este tipo de amigos son muy pocos. Que es más fácil encontrar una aguja en un pajar, que encontrar amigos como esos, es cierto, pero que los hay, los hay. 

Es que en los momentos difíciles es que se sabe quién es quién, ya que en las malas podemos contar con ese tipo de amigos porque en las buenas sobran los falsos “amigos”, los que nos abandonan cuando más los necesitamos, los que ante un encuentro inminente, se limitan a sonreír burlonamente y hasta nos dan palmaditas en la espalda para disimular su enorme satisfacción ya que para ellos uno es un pobre perdedor y definitivamente ellos no le van a alcahuetear a nadie, ni tampoco van a permitir que les pidamos dinero prestado ¡ni más faltaba! Son los llamados amigos circunstanciales, personas que no son leales a nosotros, eran leales a lo que teníamos o a lo que representamos y cuando esto cambió, también cambio su lealtad hacia nosotros.

Ahora bien, una cosa es fracasar y otra muy diferente ser un fracasado ya que está permitido caer, lo que no está permitido es quedarse en el piso. La gran lección que nos dejan los “fracasos” es que son indispensables para poder triunfar ya que hay que insistir, persistir, resistir y NUNCA desistir hasta hacer realidad nuestros sueños.

jueves, 27 de octubre de 2016

Hacer el amor

¿Realmente se puede hacer el amor? Me atrevería a decir que no, ya que el amor es un sentimiento, es algo intangible, algo etéreo, algo que no existe pero que a la vez lo es todo pues todo es amor y difícilmente se puede vivir sin amor.

Ahora bien, una cosa es tener sexo con amor y otra tener sexo por simple placer, el cual “fácilmente” se puede comprar, de hecho, dicen las malas lenguas, que la prostitución es uno de los oficios más antiguos de la humanidad. En ese orden de ideas permítame hacerle con todo respeto una pregunta ¿usted se hace el amor? Y no me refiero a la masturbación solamente. Me refiero a que si usted se ama, se respeta, se aprecia, se valora, porque una cosa es que usted tenga valor y otra que se valore. Difícilmente se puede dar amor, si primero no nos amamos a nosotros mismos.

En el caso de los seres humanos, eso del amor es cosa bien complicada, porque muchas veces confundimos amar con querer, se ama cuando se acepta a la otra persona a pesar de lo que es y se está dispuesto a dar la vida por ella y se quiere cuando simplemente es alguien al cual nos hemos acostumbrado. Hacer el amor implica tal cantidad de cosas que difícilmente podemos dimensionar la grandeza de esa palabra. De ahí que cuando escucho decir a alguien que hizo el amor con otra persona sin ni siquiera conocerla, me da cierta tristeza al saber que las consecuencias serán desde todo punto de vista desastrosas pues cuando dos seres sexualmente se unen, no solo se unen sus cuerpos sino sus espíritus, sus energías vitales, las cuales son mucho más difíciles de separar que los cuerpos físicos. 

De ahí que sea más difícil el proceso de separación que el de conquista y muchos no lo superan, llegando a casos tan extremos como el suicidio o el asesinato ya que se considera a esa otra persona como propiedad privada y por lo tanto no se está dispuesto a cederla o compartirla. Entra en juego entonces una de las enfermedades más desagradables que tiene el ser humano, los celos. Tan destructivos como la enfermedad más letal, con el agravante que casi todas las enfermedades que ha sufrido el ser humano han tenido cura, menos los celos, la cual es una enfermedad degenerativa y progresiva que acaba con todo y cuando digo con todo, es con todo, hasta con la vida misma.

Hacer el amor entonces implica primero que todo dimensionar el significado de la palabra y su aplicación. Hacer el amor no solo es un acto sexual, es hacer todo lo que hacemos con amor. Si no amamos lo que hacemos, simplemente queremos lo que hacemos, dicho de otra forma, lo hacemos obligados por algo o por alguien. Posiblemente esa actividad que usted realiza no lo satisface; cuando realiza esa labor no siente ese orgasmo físico y mental de hacer lo que realmente le gusta hacer. Hay quienes dicen que hay que amar lo que uno hace independientemente le agrade o no, lo cual considero lo más absurdo. Es como decirle a alguien que tiene que amar a otra persona así no se sienta atraída por ella en lo más mínimo y si por algún motivo lo hace, se convierte en una de las muchas formas de esclavitud y todos sabemos lo que significa ser esclavo de algo o de alguien. 

En mi religión católica por ejemplo existe un precepto que dice “amaras al señor tu dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lc 10:27). La pregunta es: ¿Realmente los seguidores de Cristo obedecemos ese mandato? No, por supuesto que no, ya que si lo obedeciéramos el mundo sería muy diferente. Y es que amar, lo que se dice amar, eso sí es cosa de machos y no de muchos. En mi libro “La Piedra Angular de la Sociedad” hablo sobre el respeto a todo y a todos ya que soy de las personas que piensa que si realmente nos amaramos, si realmente amaramos a ese ser especial que decimos que es nuestra pareja, a esa actividad que realizamos; la respetaríamos, algo que dista mucho de la realidad ya que en la mayoría de los casos no respetamos ese templo en el que habita Dios que es nuestro cuerpo al cual contaminamos física y mentalmente con cualquier cantidad de basura, no respetamos a nuestra pareja pues la infidelidad está no solo en nuestros actos sino en nuestros pensamientos y por supuesto no respetamos la actividad que realizamos; para la prueba un botón, los altos índices de corrupción que existen en la mayoría de los países del mundo.

Y es que mientras pensemos que el dinero lo hace todo, estaremos dispuestos a hacer todo por dinero, por lo tanto debemos reflexionar cuales son realmente nuestros principios y nuestros valores los cuales no son negociables. Recordemos que todo aquello que tiene valor no tiene precio por lo tanto el amor no tiene precio. Hay personas que no te aman a ti, aman lo que tú tienes o representas, y cuando cambian sus necesidades, así de fácil cambian su forma de amar.

Finalmente ¿A qué o a quien le va usted a hacer el amor hoy?

miércoles, 10 de agosto de 2016

Criticar y Juzgar


Cuenta la historia que en cierta familia había dos jóvenes hermanos. En alguna oportunidad la hermana le dice a su hermano…

- "No entiendo cómo es que continúas con tu engreída y arrogante novia. 

- ¿Por qué lo dices? – le pregunta el hermano.

- Cada vez que te veo llegar con ella en su moto me he puesto a observarla y veo que conduce ese vehículo como si estuviera conduciendo un carro de alta gama y no una simple motocicleta. Es que no sabe ni como sentarse para mostrar su arrogancia, además parece un robot, pues sus movimientos son mecánicos. Realmente no sé cómo haces para tenerla a ella como novia.

- ¿En verdad crees que mi novia es muy arrogante, engreída y que se comporta como si fuera un robot? 

- Por supuesto que sí, es que hasta le da dificultad voltear a mirarte para darte el beso de despedida. 

- Sabes que hermanita, la estas prejuzgando – dijo el joven sonriendo amablemente mientras abrazaba a su hermana – lo que pasa es que mi novia hace algún tiempo sufrió un accidente y tiene dificultades en su columna vertebral, las cuales no le permiten hacer determinados movimientos, de ahí que se mueva y se comporte como un robot como tú dices. Si te dieras la oportunidad de conocerla un poco mejor, te darías cuenta que es una excelente persona".

¿Cuántas veces lanzamos juicios a priori sin conocer a fondo las circunstancias que generaron o generan alguna situación? Lo más fácil es criticar o juzgar acontecimientos o comportamientos humanos ya que, por lo general, nos creemos dignos de lanzar la primera piedra, nos creemos poseedores de la verdad y, hay de aquel que se atreva a contradecirnos, más le valiera no haber nacido porque defenderemos nuestra posición a capa y espada. De hecho, millones de seres humanos se han hecho matar por defender su verdad. 

La pregunta es ¿era realmente necesario? No, por supuesto que no, porque la razón se le da precisamente al que no la tiene ya que es lo único que cree tener. Los hechos dicen más que las palabras y la mayoría de las veces no es necesario defender una posición política, religiosa o filosófica pues no hay nada oculto bajo el sol y la verdad tarde que temprano siempre sale a flote.

Las razones o justificaciones que tiene alguien para hacer algo suelen ser tantas como las explicaciones que debe utilizar para defender su accionar o pensar. Como dice el refrán, “nadie sabe lo de nadie”. Las personas que causan mucho mal a sus semejantes y al planeta entero, justifican su accionar manifestando que esa es su misión en la vida ya que se creen verdaderos ángeles exterminadores y que gracias a esa terrorífica labor, van a alcanzar la gloria divina y la historia los recordará como verdaderos mártires y héroes que dieron su vida por una causa, para ellos plenamente justificada. 

La historia de la humanidad está llena de hechos que han enlutado pueblos y muchas civilizaciones han sido aniquiladas por aquellos que se creían poseedores de la única verdad. Sin embargo, tampoco yo quiero juzgar o criticar a esos “mártires o héroes” ya que gracias ellos hoy podemos disfrutar “de libertad, de paz y de una calidad de vida” envidiada por muchos otros pueblos que continúan siendo esclavizados no solo por otros pueblos, sino por “lideres” religiosos o políticos (que prácticamente son lo mismo) que llevan a sus pueblos al exterminio y a vivir las más horribles situaciones. 

La pregunta que quiero hacerle a usted amable lector es ¿A quién está usted criticando o juzgando? De ser así, ¿Se ha dado la oportunidad de investigar a fondo las razones por las cuales esa persona hace lo que hace y que a usted en cierta forma le desagrada o no le encuentra lógica? Lo más probable es que si usted se tomara el tiempo de analizar detenidamente el comportamiento de esa persona, se daría cuenta cuán equivocado esta al juzgarla o criticarla. Se lo digo por experiencia ya que como la mayoría de los seres humanos, me ha tocado vivir situaciones bien difíciles, muchas de las cuales han sido severamente criticadas o juzgadas y hasta mis críticos y jueces han llegado a afirmar que todos mis males fueron buscados.

Pero bueno, nada de nervios, el tiempo se ha encargado de demostrarles que una cosa era lo que ellos pensaban y otra la realidad. El problema de los que juzgan y critican es que, aun sabiendo que se equivocan, continúan defendiendo su posición ya que aceptar que están equivocados es quedar en desventaja y la palabra perdón no existe en su vocabulario.

Finalmente quiero invitarlo amable lector a analizarse usted mismo, ya que no existe mayor juez o critico que nuestra propia conciencia, claro está, en caso que la tenga activa, ya que muchos han tratado de acallarla o desactivarla, pues su voz es tan fuerte que no los deja vivir en paz y terminan por exterminarla y con ella, ellos mismos.


   

lunes, 25 de julio de 2016

Nada de Nervios



¿Hoy ha sido un día difícil para usted? ¿Se levantó con el pie izquierdo o ni siquiera se ha podido levantar? ¿Amaneció hoy con la feura alborotada donde nada le sirve, todo le incomoda, todo y todos le molestan? ¿Tiene serias dificultades con su salud, con el amor, con el dinero, con la espiritualidad o con todas juntas? ¿Le juraron amor eterno o una amistad incondicional y todo fue un sofisma de distracción? ¿Se siente un fracasado? ¿Se siente como en la canción del gusanito que nadie lo quiere, todos lo odian, mejor se come un gusanito…? ¿Sus “amigos” fueron leales no por lo que usted es sino por lo que representaba para ellos y simplemente como decía el comediante mexicano Roberto Gómez Bolaños, en su personaje del chapulín colorado, se aprovecharon de su nobleza? ¿Cuándo cobra por su labor le pagan lo que al comprador le da la gana y no por lo que valen sus conocimientos y experiencias? ¿Las personas en las que confió lo dejaron con una mano atrás y otra adelante? ¿Piensa que el malo de la película es usted y que está en el lugar equivocado? ¿Qué no es lo suficientemente proactivo? ¿Qué todos sus estudios o experiencias nada valen? ¿Qué no es bueno para nada? ¿Ha llegado a pensar en terminar hasta con su propia vida? Etc. Etc. 

Si la respuesta a todas las anteriores y demás preguntas que tenga es afirmativa “NADA DE NERVIOS”, el hecho que esté pasando por todas esas dificultades es porque usted es un ser excepcionalmente maravilloso, solo que usted no se ha dado cuenta de ello y no sé si usted cree en un Dios, afortunadamente Él si cree en usted y como su padre, no le daría problemas que usted no tuviera la capacidad de superarlos. Ahora bien, una cosa es que usted tenga un inmenso valor – o si no pregúntale a las aseguradoras – y otra que se valore. 

El 99% de los seres humanos que habitamos el planeta tierra tenemos dificultades, unos las tenemos más grandes que otros, pero dificultades al fin y al cabo, ya que todo aquello que nos hace llorar no es una tontería, puesto que nos hace llorar. Ahora la pregunta que debemos hacernos es ¿hasta cuándo? Porque una cosa es fracasar y otra muy diferente ser un fracasado. Me atrevería a afirmar que todos los seres humanos hemos fracasado en algún aspecto y en algún momento de la vida, ya sea en el amor, en el dinero, en la salud, en la espiritualidad o muchas veces se generó el efecto domino y fracasamos en todas las anteriores. Otra cosa es cuando nos quedamos lamentándo el resto de nuestra existencia tales fracasos y no hacemos nada por superarlos, convirtiéndonos en unos fracasados. 

Dicen los médicos que el mejor momento de un enfermo es cuando entra en crisis, o se alivia o se muere. De igual forma, el mejor momento de un fracaso es cuando tocamos fondo o sea cuando respondemos afirmativamente todas las anteriores preguntas. Es ahí donde tenemos dos opciones, o quedarnos anclados en el fondo lamentándonos o comenzar a buscar la superficie. Toda decisión que tomemos y la llevemos a la acción, será un paso más para salir de la crisis, la cual puede durar días, semanas, meses o quizás años, todo depende de las ganas, de las decisiones y de las acciones que usted tome para superarla, ya que , como dice la célebre frase popular “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. 

Quiero confesarle algo, yo sé lo que es fracasar en todos los aspectos antes mencionados y también se lo que es hacer realidad mis más grandes sueños o sea triunfar, teniendo en cuenta que triunfar no es sinónimo de riquezas materiales, ya que ha triunfado el que ha hecho realidad sus sueños. Así es amigo lector que, nada de nervios, lo que escribo, lo escribo con conocimiento de causa y no por dármelas de escritor. Cuando le digo que todo tiene solución, es porque así es, aunque muchas veces esa solución no es la que nosotros queríamos, sin embargo nuestro padre Dios sabe cómo hace sus cosas. 

Y es que cuando hemos hecho lo que nos ha dado las gana y al final tenemos que hacer como en la parábola del hijo prodigo, volver arrepentidos al padre, éste nos recibirá con los brazos abiertos y todo comenzara a funcionar como hubiera funcionado desde un principio si lo hubiéramos tenido a Él en cuenta. Solo que a veces nuestra prepotencia y arrogancia no nos permite reconocer que somos humanos, tan solo humanos, con muchas fortalezas pero también con muchas debilidades y limitaciones. 

Ahora bien. La idea no es que genere usted una parálisis por análisis, ya que cuando uno piensa demasiado una cosa, no la hace porque le encuentra demasiados problemas. La mejor forma de aprender a nadar es lanzándose al agua, arriesgarse, tomar la iniciativa, tomar la decisión y ponerse en acción, fijarse una meta en pos de un sueño. A propósito de sueños, ¿Cuál es su sueño?, recuerde lo que decía el filósofo chino Lao Tse que “un sueño es aquello por lo que estamos dispuestos a dar la vida, los demás son simples deseos”. Otra frase bien interesante al respecto es la que dice que “quien no sueña, trabaja para un soñador” y es que cuando usted no sabe para dónde va, cualquier camino es igual. Yo no sé cuál sea su situación actual, lo que si se, es que, por difícil que esta sea, es posible mejorarla sustancialmente si comienza a cambiar de actitud, a insistir, a persistir, a resistir y a NUNCA desistir hasta hacer realidad sus sueños. 

Recuerde que todo lo bueno o lo malo que le esté pasando es el resultado de las decisiones que tomó en el pasado. Nadie triunfa o fracasa de un día para otro. Tanto el triunfo como el fracaso requieren de un proceso que puede llevar días, semanas, meses o años. Hay quienes dicen que fulano de tal se volvió rico de la noche a la mañana. Lo que no saben los que afirman tal cosa es cuantos años duro la noche de esa persona antes de ver la luz al final del túnel y salir a disfrutar de un esplendoroso día o sea triunfar. 

Cada “fracaso” es un escalón más para llegar a la cima del triunfo y quien nunca ha fracasado es porque nunca ha intentado hacer nada. Claro está que como la mendicidad es el mejor negocio del mundo ya que prácticamente no hay que invertir económicamente nada; hay quienes se acostumbran a mendigar ya sea amor, dinero, salud o espiritualidad porque no debemos olvidar que los latinos somos milagreros por excelencia y siempre estamos pidiendo un milagro o queremos ganarnos una lotería, sabiendo que cada día que amanecemos vivos, tenemos la oportunidad de laborar para hacer realidad nuestros sueños, ya que mientras haya vida, hay esperanza. 

Así es amigo lector que “nada de nervios” para atrás ni para coger impulso. Yo no sé cuál sea su edad en este momento. Si tenemos en cuenta que el promedio de expectativa de vida para los humanos en el planeta tierra es de ochenta y cinco años, la pregunta es ¿Qué piensa hacer usted en los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses o los años que le quedan de vida?

lunes, 23 de mayo de 2016

En vida hermano, en vida


Obviamente el título de mi blog de hoy no es mío, es el título de un hermoso poema escrito por Anna Maria Rabatté el cual hace referencia a que debemos decir y hacer por los demás, especialmente por nuestros seres queridos, en vida y no después que hayan renacido o muerto como algunos llaman a ese paso que inexorablemente todos los seres vivos tarde que temprano debemos realizar. 

El gran maestro afirmaba que “dejad que los muertos entierren a sus muertos” (Mt.8:22) y es que solo se muere cuando se olvidan de nosotros, cuando sepultan o creman nuestros cuerpos y con ellos los recuerdos. Millones de seres humanos andan muertos en vida. Seres para para quienes nada ni nadie importa. Como dice un refrán popular “caminan porque ven caminar”. 

Todas las culturas y las civilizaciones que han pasado por ésta, nuestra casa, el planeta tierra; han tenido y tienen sus propias ideas de la muerte, algunas la celebran, otras simplemente la aceptan como algo natural, otras han tenido costumbres bien interesantes como enterrar o enterrarse con sus seres queridos, con sus líderes políticos o religiosos o con los que consideraban sus dioses. 

Cualquiera sea la idea que tengamos de ese suceso trascendental, no cabe duda que marca de alguna forma las vidas de los que continuamos en este plano de la existencia. Ya sea por un hecho violento o natural, el fallecimiento de un ser querido deja un vacío que difícilmente se puede llenar y solo el tiempo puede de alguna forma borrar. 

Qué bueno sería que aplicáramos y practicáramos siempre el poema de la señora Rabatté y le dijéramos a esos seres que tanto nos importan lo que representan y significan para nosotros y que no esperáramos a que estuvieran dentro de un ataúd para manifestarles eso que tuvimos tantas oportunidades para decirles mientras estuvieron a nuestro lado o quizás a la distancia de una llamada telefónica o de un mensaje. 

Es cuando debemos pensar en que es lo importante y que es lo urgente para nosotros y dejar de lado “los tengo que”. Esos tengo que, que muchas veces nos “obligan” a alejarnos de nuestra familia, de nuestro país y hasta de nosotros mismos en búsqueda de un tesoro, de una tierra prometida, de un sueño que la mayoría de las veces se convierte en una terrible pesadilla. 

Hoy amigo lector quiero pedirle un gran favor. Acérquese a esa persona que vive con usted o que labora con usted y sin decir nada abrácela. Las reacciones suelen ser las más interesantes, desde el rechazo inmediato, hasta la mirada interrogante o de asombro. Es muy probable que le pregunten que le está pasando, que si es que está enfermo, que si es que le va a pedir dinero o algún favor en especial o también que si es que se va a morir, cosa que tarde que temprano sucederá. Usted simplemente sonría y continúe con lo que estaba haciendo sin decir nada. 

¿Cuánto diéramos por poder abrazar a aquellos que por alguna razón ya no están con nosotros? Es el momento entonces que si la vida le está presentando la oportunidad de hacerlo, por favor hágalo ahora mismo, no lo deje para después o para más tarde y si tal cosa por alguna razón no es posible, llámela por teléfono, escríbale un mensaje o envíele un mensaje telepático cargado de amor. Aunque usted no lo crea, ese mensaje le llegara donde quiera que ese ser querido se encuentre. No se extrañe que después de haberle enviado ese pensamiento a esa persona se comunique con usted por los medios tradicionales o quizás también mentalmente. 

Ahora lo invito a recordar y a practicar el hermoso poema 

EN VIDA HERMANO, EN VIDA

Si quieres hacer feliz
a alguien que quieras mucho…
díselo hoy, sé muy bueno
en vida, hermano, en vida…

No esperes a que se mueran
si deseas dar una flor
mándalas hoy con amor
en vida, hermano, en vida…

Si deseas decir “te quiero”
a la gente de tu casa
al amigo cerca o lejos
en vida, hermano, en vida…

No esperes a que se muera
la gente para quererla
y hacerle sentir tu afecto
en vida, hermano, en vida…

Tú serás muy venturoso
si aprendes a hacer felices,
a todos los que conozcas
en vida, hermano, en vida…

Nunca visites panteones,
ni llenes tumbas de flores,
llena de amor corazones,
en vida, hermano, en vida…


lunes, 22 de febrero de 2016

Carta de un director de un colegio católico.


A veces nos llegan mensajes que nos hacen reflexionar y el que quiero compartir con ustedes el día de hoy es uno de esos. 

Columnista invitado: Pedro Luis Llera (infocatolica.com)

Hace unos meses le pedí ayuda y consejo a un entrañable amigo, a mi venerado amigo don Santiago Valle, que lleva muchos años dirigiendo colegios y, además, es un verdadero hombre de Dios. Le pedí que me diera algún consejo para poder llegar a ser un buen director de colegio. Los principiantes como yo tenemos mucho que aprender de los que saben algo de esto. Y esta es la contestación que don Santiago me envió. Por su interés la comparto con todos ustedes. A los profesores de los colegios católicos les vendría bien leer la carta del señor Valle. Tal vez a alguien le abra los ojos. Creo que a cualquiera que le interese el tema de la educación católica le puede resultar interesante.

Oviedo, 1 de julio de 2015

Querido Pedro:

Me alegra mucho saber que vas a ser director de un Colegio Católico en esas tierras gaditanas: ¡Las vueltas que da la vida! No es un reto fácil. Me halaga que pienses que yo te pueda dar alguna orientación que te pueda resultar de utilidad. No sé si sabré decirte algo que te ayude. Te puedo contar cuál es mi experiencia y cómo pienso yo que tiene que ser un director de un colegio católico que quiera ser fiel a Cristo y a su Iglesia.

Yo no me explico todavía cómo he terminado dirigiendo un colegio. Ciertamente, cuando empecé a estudiar, jamás se me habría pasado por la cabeza. Yo quería ser profesor de literatura (como tú). Esa era y es mi vocación desde un punto de vista puramente profesional. Y cuando mejor me lo paso, cuando estoy en mi salsa, es cuando estoy en clase con mis veintitantos adolescentes analizando oraciones o haciendo comentarios de texto (ellos sospecho que no disfrutan tanto).

El caso es que, después de no sé cuántas jornadas de formación de directivos; de cursos sobre calidad educativa, sobre recursos humanos, sobre legislación educativa; sobre metodología, evaluación, tutoría, atención a la diversidad, enseñanza cooperativa, aplicación de nuevas tecnologías y muchos otros asuntos – todos ellos muy sesudos –, he llegado a una conclusión definitiva: lo único que hace falta para dirigir un colegio católico; lo único realmente importante y relevante es estar en gracia de Dios. Se aprende más rezando delante de un Sagrario, que en todos los cursos que uno pueda recibir. Sólo dejándose empapar por el amor de Dios, se puede amar al prójimo. ¿Y en qué otra cosa consiste dirigir un colegio, sino en amar a los niños, a sus familias, a los profesores y a todo el personal que tienes a tu cargo y a quienes tienes que servir?

Cuando uno se deja mirar por Cristo y el Señor te abre los ojos, eres capaz de verte a ti mismo y de ver a los demás tal como son, tal como somos, tal como Dios nos ve. Y todo cambia. El mundo se ve de otra manera. Ya no hay ricos ni pobres, ni buenos ni malos, ni educados ni analfabetos, ni listos ni torpes. Dios nos ve a todos con ojos de Padre, con una mirada llena de ternura, de compasión, de amor: de un amor excesivo, apasionado, descomunal. Por eso, quien es de Cristo no mira a nadie por encima del hombro. Te das cuenta de que no eres más que nadie, porque ante Dios todos somos iguales. No eres más por tener una carrera o por ocupar un cargo. No soy más que la señora que limpia las clases. No soy más que el padre de familia que sufre el paro. No soy más que el profesor que acaba de empezar a trabajar. No soy más que la madre que trae a su hijo al colegio cada mañana y lo deja a la puerta con un beso. No soy más que el mendigo sin techo que duerme en el cajero automático de un banco o que pide limosna en la calle. No soy más que nadie ni mejor que nadie. Porque Dios nos quiere a todos por igual. Bueno, no. El Señor quiere más a los más pequeños: a los niños inocentes, a los que sufren la enfermedad o el paro; a los más humildes, a los más pobres. Porque los mira con más cariño, con más ternura, con más misericordia. Por eso, los que son de Cristo se vuelcan especialmente con ellos, con los más pequeños. No hay lugar para la soberbia si te dejas mirar por Él. Entonces ya no ves extraños a tu alrededor. Ves a Dios en los ojos de los niños, ves el dolor de Dios en el del padre que no encuentra trabajo para sacar adelante a su familia; ves el sufrimiento de Dios en la madre que lucha contra la enfermedad y sufre por sus hijos; ves a Dios en la madre que sufre el abandono de su marido, o en la mujer maltratada o en el niño que sufre por las humillaciones que le infringe su propio padre. Y entonces, los más pequeños, los más pobres, los que más sufren, son los más grandes. La mirada de Dios invierte la escala social. Dios nos ve al revés de cómo nosotros solemos mirar, porque los más despreciados por el mundo se convierten en los más preciados para Dios. Y todo cambia. Y ya nada puede ser igual que antes. Cuando te conviertes a Cristo, cuando te dejas transformar por Él, tu corazón cambia, tus ojos cambian, tus prioridades cambian. Y ya nada importa más que vivir siempre en gracia de Dios: que ser santo. Y ya no pides nada más a Dios, salvo que te siga haciendo santo cada día un poco más. “Dios mío, no permitas que me aparte nunca de ti”.

Lo que más me sorprende cada día es cuando un profesor agradece “mi cercanía”, cuando me dan las gracias por preocuparme por sus problemas o por alegrarme con sus logros. O cuando una madre o una abuela me da las gracias por consolar a un niño de tres años que llora a la hora de entrar al colegio por las mañanas o cuando alguien da importancia a que me sepa los nombres de muchos de los niños y les dé los buenos días por la mañana. Todo eso no tiene mérito ninguno. Amar a unos niños inocentes y buenos, ¿qué mérito tiene?; preocuparse por los problemas de aquellos a quienes tienes que cuidar y animar, ¿qué tiene de particular? 

“Cuanto es el hombre ante Dios, tanto es y no más”, decía San Francisco. Yo valgo muy poca cosa. Ni siquiera me siento digno de dirigir mi colegio. Me parece un honor inmerecido. Quisiera poder hacer más de lo que hago pero no doy para más. Quisiera poder hacer algo para que los padres que no tienen trabajo pudieran ganarse la vida honradamente y con dignidad; pero no puedo. Me gustaría que quienes sufren por las enfermedades se curaran pero tampoco puedo. Me gustaría poner esperanza en quienes están tristes y desalentados. Me gustaría resolver los problemas de mis niños y los de sus familias, pero no puedo. Lo que puedo hacer es rezar todos los días por ellos porque, aunque yo no pueda, el Señor sí puede. Él es Todopoderoso. Me gustaría tener más fe, una fe de esas que mueven montañas y hacen milagros. Pero mi fe es pobre y no llega a tanto. Pero desde mi debilidad y mi impotencia le pido al Señor por todos los que sufren a mi alrededor, que son muchos, y a veces, el Señor me escucha y llega el milagro. Porque los milagros existen.

Voy concluyendo. Un director de un colegio católico debe ser santo, debe vivir en gracia de Dios, debe vivir de rodillas ante el Sagrario. Sé humilde, sirve a todos, ama a todos. No te creas más importante que nadie. No seas prepotente ni soberbio ni vanidoso. El director del colegio no es el primero: es el último; es quien tiene que servir a todos y amar a todos. Es quien tiene que animar, cuidar y proteger a los profesores para que ellos puedan trabajar a gusto y desempeñar su labor de la mejor manera posible. Es quien tiene que animar y valorar al personal no docente para que se den cuenta de lo importante que es su trabajo y no se sientan trabajadores de segunda. El director es quien tiene que escuchar y ayudar a los padres y quien tiene que conocer a sus alumnos y quererlos como son. Porque sin amor no hay educación posible. La filosofía y la teología hay que entenderlas y explicarlas. El amor no requiere explicaciones: todo el mundo entiende el amor sin necesidad de explicaciones. Una caricia a un niño vale más que todo un tratado sobre el amor. Hasta mi perro sabe que lo quiero: y mi perro no piensa. Todo el mundo entiende el lenguaje del amor sin necesidad de discursos ni artículos sesudos. Por eso, predica más con el ejemplo que con las palabras. Pero el amor no se puede comprar en los estancos. No se puede forzar. O te sale de manera natural o no vale: sería pura impostura. Y para amar tienes que beber de la fuente del Amor: tienes que dejarte querer por Cristo. Quien no se deja amar por Cristo delante del Sagrario, no puede amar a sus alumnos ni a sus profesores ni a las familias del Colegio.

Mira… Esto es más sencillo de lo que parece. Todo se resume en amar a Dios y amar al prójimo. Sin Cristo no podemos hacer nada. Pedro, sé santo. Vive en gracia de Dios. Confiésate con frecuencia, llénate de Dios en la Eucaristía, reza ante el Santísimo, adora a Dios, agárrate a la cruz de Cristo. Niégate a ti mismo y síguelo a Él. Si rebosas del Amor de Dios, ese amor anegará a cuantos te rodean. Para ser santo no tienes que hacer nada; no es una cuestión de esfuerzo. Ser santo es dejarse llenar de la gracia de Dios. Déjate hacer por Él. Confía en el Maestro, que Él no te decepcionará ni te dejará de su mano. Abandónate en las manos de Dios y que el Sagrado Corazón de Jesús cambie tu corazón para que seas capaz de amar como Él ama. Nosotros somos del Corazón de Cristo.

¡Ah! Y no te agobies, que te conozco… No pierdas el sentido del humor: reírse, sobre todo de uno mismo, es un ejercicio muy saludable. No somos tan importantes… A veces parece que fuéramos el ombligo del mundo. Nosotros sólo somos pobres trabajadores de la viña del Señor. Hacemos lo que podemos pero la viña es suya.

Espero que estas cuatro letras puedan servirte para reflexionar sobre la misión que Dios te encomienda en tu nuevo colegio. Yo sigo en camino. Ser santo es lo único que le pido al Señor. Reza por mí.

Un abrazo y que Dios te bendiga,

Santiago Valle Balbín

Aquí termina la carta de don Santiago. Que el Señor me haga santo a mí también, que nos haga santos a todos. Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

PD. Ante las numerosas felicitaciones a don Santiago, que agradezco enormemente, me veo en la necesidad de aclarar que tanto la carta como el supuesto autor de la misma son apócrifos: es literatura. La carta expresa lo que un servidor aconsejaría a un director de un colegio católico. El verdadero autor de la carta soy yo mismo. Y lo que escribo responde a mi propia experiencia, a mi propia manera de entender la dirección de un colegio católico.

lunes, 21 de septiembre de 2015

¿Usted no sabe quien soy yo?



En mi país Colombia esta frase últimamente se ha hecho reiterativa. Lo curioso de todo es que la mayoría de las veces quien la pronuncia no sabe a ciencia cierta ni quién es él o ella. Por lo general predicamos pero no practicamos, no somos coherentes ni consecuentes con lo que decimos y hacemos. ¿Cuántos hay que estudian algo y terminan haciendo algo completamente diferente? y si lo hiciéramos bien, vaya y venga, pero por lo general no estamos satisfechos con lo que hacemos y simplemente realizamos una actividad para poder sobrevivir ya que vivir, lo que se dice vivir en todo el sentido de la palabra, muy pocos. 

Lo más triste de todo es que hay personas que se empecinan en realizar una labor que no les satisface solo por los importantes ingresos económicos que le representan, convirtiéndose en cajeros automáticos que lo único que tienen es dinero pero de felicidad, de calor humano, de sensibilidad, de buenos ciudadanos, de buenos padres, de buenos hijos, de respetar a todo y a todos, muy poco. Son los profesionales ebrios de poder que terminan igualmente ebrios sumergidos en el alcohol o la drogadicción. Una realidad que se puede apreciar en la película de Leonardo DiCaprio “El Lobo de Wall Street”. 

Muchas son las personas que debido a un poder económico, político o religioso piensan que pueden barrer y trapear con los ciudadanos de a pie. Piensan que todo lo pueden comprar con dinero y la verdad es que la mayoría de las veces lo hacen no importando a quienes se lleven por delante. La corrupción a todo nivel es el pan de cada día, es la noticia diaria. Formar escándalos para aparecer en las portadas de periódicos y revistas o en los noticieros de televisión se ha vuelto un deporte extremo que les encanta practicar a muchas personas de la farándula, del Jet Set o a los personajes “públicos”. Pareciera ser que el día que no sean motivo de algún comentario o chisme, ese día se sienten abandonados y en franca decadencia. No recuerdo quien dijo “que hablen mal o bien de mí, pero que hablen”. 

El ser humano es lo que piensa y lo que hace. Por más que se invierta en ocultar una verdad, ésta tarde que temprano siempre sale a flote y por lo general lo hace como un cadáver en descomposición afectando no solo al medio ambiente social y cultural, sino a la familia y a todos sus “seres queridos”. Saber quiénes somos y que hacemos genera humildad y respeto a todo y a todos, por lo tanto no es necesario hacerle esa pregunta a nadie porque difícilmente se irrespetarían las leyes o las normas. 

Lo invito pues amable lector a reflexionar sobre la pregunta que origino este artículo. Antes de preguntarle a alguien si no sabe quién es usted, pregúntese primero quien o que es usted y le sugiero que no se engañe usted mismo dando respuestas equivocadas ya que no existe mejor juez que su propia conciencia.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Parálisis por analisis


En todos mis escritos siempre he dicho que “cuando se piensa demasiado algo, no se hace”. Pues una cosa es programar, planear y analizar los pro y los contras de un proyecto y otra muy diferente es pensar que este no presentará ninguna dificultad por más estudios que se le hayan realizado. ¿Ha hecho usted una fiesta en casa o ha construido una? Por lo general siempre falta algo, así se hayan hecho todos los preparativos para atender bien a los invitados o se tengan todos los recursos físicos y financieros para construir la obra. Imprevistos siempre surgirán. A última hora falto el hielo o se acabó el presupuesto que se tenía para la construcción. 

La parálisis por análisis es una de las mayores dificultades por las cuales atraviesa un proyecto o una empresa. El ejemplo es muy simple. Cuénteles usted un mismo proyecto a dos personas, una de ellas es un magister en economía y el otro es un multimillonario que difícilmente ha terminado los estudios primarios. El académico lo primero que esgrime es un computador el cual, utilizando un sofisticado software, analiza al detalle el negoció. El que tiene escasos estudios pero una gran intuición y un desarrollado sentido común, infortunadamente el menos común de los sentidos, escucha con atención la propuesta que usted está haciendo. Cuando usted termina su exposición, la persona que estaba procesando toda la información en su computador, lo mira a usted con cara de preocupación, arqueando una de sus cejas le dice palabras más palabras menos “Muy interesante su proyecto, sin embargo, con todo respeto, permítame mostrarle – dice señalando la pantalla de su computador – los análisis que he realizado. Como vera, el sistema me dice que el proyecto no es viable ya que el retorno de la inversión (…) y le da una serie de explicaciones estadísticas que así lo corroboran. Por lo tanto debo decirle que nuestra organización no invertirá en su proyecto, así es que con permiso y gracias por habernos tenido en cuenta” Dicho esto el elegante hombre se pone de pie y se retira. 

Presintiendo que la otra persona le va a decir lo mismo, usted comienza a guardar todos los documentos que había utilizado para exponer su proyecto, dispuesto a marcharse. Sin embargo la otra persona le pregunta “¿tiene usted alguna prisa o nos podemos tomar un café? Me gustaría que me contara un poco más de su proyecto”. Muy entusiasmado usted le narra con lujo de detalles todo el proyecto nuevamente, está vez a usted le brillan sus ojos de la emoción que siente de hablar de su sueño, de su proyecto de vida. Un brillo que es detectado por la persona con la cual usted se está tomando ese café, que sonriendo le dice: “me gustaría conocerlo un poco más a usted y a su proyecto, por favor visíteme en mi oficina para que veamos como sacamos adelante esa interesante idea”.

¿Qué hubiera pasado si todas las personas que se han arriesgado a montar una empresa, a hacer un negocio o incluso, a iniciar una relación de pareja, se hubieran puesto a analizar si era viable o no? Seguramente yo no estaría utilizando un computador portátil para escribir este blog ni usted estaría leyéndolo y muy probablemente no existiría ya que no habría sido engendrado.

Las preguntas son ¿Cuánto cree usted en su idea, en su proyecto o en su sueño? ¿Cuánto está dispuesto a invertir y a arriesgar? ¿Está dispuesto a pagar el precio de hacer realidad ese sueño? Es de anotar que el precio que necesariamente deberá pagar es directamente proporcional al tamaño del sueño. Así mismo, si usted no esta dispuesto a invertir tiempo y dinero en su sueño es porque no cree en el. Como dice el escritor Pablo Cohelo “Cuantas cosas se pierden por miedo a perder”.

lunes, 24 de agosto de 2015

No todo lo que brilla, es oro

Antes que nada permítanme agradecer la gran cantidad de comentarios que recibí de mi blog “Los Pobres Vergonzantes” una situación que hemos vivido millones de personas en el mundo. Ha sido uno de los blogs más leídos y compartidos por mis seguidores. Un abrazo de agradecimiento para todos ustedes.


Hoy escribiré sobre una situación similar y es la de las personas que insisten en aparentar lo que no son y como dice el refrán, “las apariencias engañan y no todo lo que brilla es oro”. Son personas que, al igual que los políticos, prometen cualquier cantidad de cosas con el fin de capturar la atención y el voto de sus seguidores pero que cuando son elegidos, se olvidan de sus promesas o simplemente se encuentran con situaciones que les hace muy difícil cumplir lo prometido. 

También hay personas que se acostumbran tanto a prometer o a aparentar lo que no son, que para ellas lo más normal es prometer cosas que difícilmente cumplirán, aparentan lo que no son y viven en un mundo de fantasía. Aunque soy un fiel defensor de los sueños, siempre he pensado que es importante tener la cabeza en alto pero los pies muy firmes en el piso. El problema con estas personas es que tienen un discurso tan creíble que ellos mismos terminan por creerse sus mentiras y cuando por algún motivo son descubiertos, hacen como la tortuga y se esconden en su propio caparazón. 

Claro que hoy en día hay un sistema mejor para esconderse y es no contestar las llamadas que no son identificadas en los teléfonos móviles y aun siendo identificadas existen otras formas de evitar hablar con la persona que insiste en hablar con nosotros y es enviándole un mensaje de texto diciéndole que no pudo contestarle porque estaba en una junta o hablando con el presidente de la república. Y ahora con lo del tal whatsapp es mucho más fácil evadir responsabilidades. 

Y hablando del guasapen ese. ¿Se ha dado cuenta que se ha convertido en una verdadera epidemia? El característico sonido o vibración del teléfono celular cuando ingresa un mensaje es el sistema de alarma más sofisticado que he conocido ya que pone en máxima alerta al dueño del equipo, el cual detiene o desvía la atención sobre lo que está haciendo no importando lo que sea y cuando digo lo que sea es lo que sea, incluso lo que usted está pensando, para esa persona es mucho más importante saber quién y qué le están escribiendo o cual es el último chisme del día, que concentrarse en lo que está haciendo. La pregunta es ¿Como fuimos capaces de sobrevivir por tantos años sin tanta tecnología sin la cual aparentemente ahora no podemos vivir? 

Pero ese será otro interesante tema que abordare algún día. Por el momento sigamos con el tema de hoy. Otro refrán dice que “Es mejor ponerse colorado por un momento que no descolorido por toda la vida” dicho de otra forma, es mejor decir que no se puede o no se quiere hacer tal cosa que crear falsas expectativas. Es muy desagradable cuando nos damos cuenta que, como decía el célebre comediante mexicano Roberto Gómez Bolaños en su personaje el chapulín colorado “se aprovecharon de nuestra nobleza”. 

Afortunadamente también existen personas como mi actual socio del cual algún día escribiré ya que es un modelo a seguir, que sin necesidad de tanto protagonismo, realizan sus labores y cumplen con su misión de ayudar a los demás sin necesidad de aparecer en las portadas de las revistas del Jet Set. Son ese tipo de personas que brillan con luz propia, para las cuales los hechos dicen más que las palabras, que cumplir la palabra es cuestión de honor, de respeto. Estas personas existen para tratar de equilibrar la balanza y demostrar que existen seres humanos que aún creen en principios y en valores, algo que está en franca decadencia. 

Lo invito amable lector a que reflexionemos sobre el tema y analicemos a cuantos estamos o hemos engañando con nuestro modus operandi de aparentar lo que no somos, de crear falsas expectativas o de prometer lo que difícilmente cumpliremos. Como decía el gran maestro, “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, ya que alguna vez prometimos cosas que nunca cumplimos. Existen otras personas que brillan de tal forma que encandilan, que su brillo semeja al del oro pero que resulta ser una aleación indefinida de metales que de preciosos no tenían nada.