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domingo, 30 de junio de 2024

Dar sin que nos pidan.


"Bueno es dar cuando nos piden; pero mejor es dar sin que nos pidan, como buenos entendedores" (Khalil Gibran) 

Siempre se ha dicho que para un buen entendedor con pocas palabras basta.   

Hace poco me encontré con un “amigo” al cual hacía algún no veía y quien aparentemente se alegró al verme. La verdad es que no pudo evitar el encuentro ya que estaba sentado en su flamante vehículo, al parecer esperando a alguien. En pocos minutos me contó de las empresas que tenía, de los estudios que había realizado y de los que estaba realizando. Yo simplemente lo deje que hablara, en ningún momento me pregunto algo sobre mi o sobre mi familia, siempre hablaba de él y de lo exitoso que era. Me dijo que se había enterado de mi revés económico y lo mucho que lo lamentaba. Sin embargo no dijo nada sobre querer ayudarme pese a que acababa de contarme de las empresas que tenía y de lo bien económicamente que estaba. 

Cuando se marchó, no sin antes despedirse de mí con una enigmática sonrisa, me quede pensando lo que hace el dinero en las personas, a muchas de las cuales vuelve insensibles, indiferentes, distantes y son de las que lo miran a uno por encima del hombro o a veces ni eso. Sabía que mi “amigo” hubiera podido hacer mucho por mí pues conocía su gran poder económico. ¿Qué habría pasado si le hubiera pedido ayuda? Posiblemente me hubiera ayudado, sin embargo, la pregunta es ¿A qué buen amigo es necesario pedirle ayuda sabiendo nuestras dificultades? 

A usted que está leyendo este articulo quiero hacerle una pregunta ¿A quién ha ayudado hoy sin que esa persona se lo haya solicitado? Dirá usted que no tiene económicamente nada para dar, lo cual puede ser cierto. Pero, ¿Qué tal si comienza a dar de lo que usted tiene en abundancia? ¿Sabía usted que el mejor regalo es aquel que no pueda comprar con dinero? ¿Qué tal si hoy, sin decir absolutamente nada, le da un abrazo sincero a esa persona con la cual usted convive, labora o permanece la mayor parte del tiempo? Le anticipo que debe estar preparado(a) para una reacción no siempre muy agradable, porque es muy probable le pregunten que le está pasando, si está consumiendo alguna droga de esas raras, si tiene fiebre o si piensa que se va a morir y ya se está despidiendo, ya que por lo general, no estamos acostumbrados a ese tipo de manifestaciones. 

Recuerde que hay personas tan pobres tan pobres que lo único que tienen es dinero. Dar sin necesidad de que nos pidan es quizás la mayor obra de misericordia. Le sugiero volver a leer un artículo que publique recientemente (http://onofrerestrepo.blogspot.com.co/2015/08/los-pobres-vergonzantes.html) en el cual escribo al respecto.

Siempre se ha dicho que el dinero no hace la felicidad, idea que respeto pero no comparto, ya que podemos hacer felices a muchas personas con dinero o sino que lo digan las personas que en un momento dado son favorecidas con una ayuda económica que no esperaban. Pienso que los que dicen que el dinero no es importante es porque nunca lo han tenido o no lo han sabido utilizar. Por supuesto que el dinero es importante, otra cosa es que nos fanaticemos y estemos dispuestos a hacer cualquier cosa por conseguirlo. Recordemos la frase de Voltaire cuando decía “Quien cree que el dinero lo hace todo, acaba haciendo de todo por dinero”

La Madre Teresa de Calcuta afirmaba que: "quien no vive para servir, no sirve para vivir". Reflexione sobre lo mucho que puede hacer en pro de sus semejantes. Claro que si usted es de los que interpretan mal el más grande mandamiento de "Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu" y ese dios es el dinero, ahí si no hay nada que hacer porque no podrás practicar el segundo mandamiento de "y al prójimo como a ti mismo"

jueves, 2 de noviembre de 2023

Los seres queridos

Nadie puede negar la importancia de la familia, de los amigos, de los socios y de todas aquellas personas que son cercanas a nuestros afectos, son nuestros seres queridos. Personas que de una u otra forma influyen en nuestra vida, en nuestra formación personal y profesional, en nuestros sueños. Son parte integral de nuestro entorno, de nuestra manada, de nuestra vida. Seres por los cuales estamos dispuestos a realizar grandes sacrificios e incluso a dar nuestra vida.

Infortunadamente, también se da el caso, con más frecuencia de lo que pensamos, que se convierten en verdaderos lastres que no nos permiten avanzar e incluso, en muchas oportunidades, no solo no nos permiten avanzar, sino que nos hacen retroceder, convirtiéndose en nuestros peores verdugos. Sin embargo, no podemos concentrarnos en los pocos que nos hacen daño, sino en la multitud de personas que están dispuestas a ayudarnos, a alentarnos, a hacer realidad nuestros sueños. Curiosamente, la mayoría de las veces son personas que no son de nuestra familia y a veces ni siquiera nos conocen. Aunque, son las que más creen en nosotros.

Lo invito amable lector a hacer el siguiente ejercicio: Supongamos que usted es de una familia de clase trabajadora y que al igual que sus demás familiares vive de un modesto sueldo. Dígale a la persona con la cual usted convive y que, por lo tanto, conoce sus fortalezas y debilidades que mañana se va a comprar un vehículo de alta gama. Lo más probable es que esa persona le va a preguntar si tiene fiebre, si está consumiendo alguna droga alucinógena o en el peor de los casos si se está volviendo loco. Le va a recordar que hay necesidades apremiantes en el hogar y que, por lo tanto, no entiende cómo es que usted se va a comprar un vehículo que está más allá de sus capacidades económicas. Ese “ser querido” sabe exactamente cuáles son sus limitaciones y lo conoce muy bien. 

Sin embargo, mañana, colóquese el mejor traje y vaya a visitar un concesionario donde venden vehículos de gama alta. ¿Qué es lo primero que le pregunta el vendedor? Esa persona no lo conoce a usted, por lo tanto, no sabe que probablemente usted no tiene ni donde caerse muerto y que difícilmente podrá comprar uno de los lujosos vehículos que allí se exhiben. Ese vendedor sabe que donde menos se piensa salta la liebre y que no puede prejuzgar al cliente por su apariencia y qué casos se han visto de personas que no aparentaban mayor cosa y salieron comprando el vehículo más costoso.  De igual forma, esas personas que en un momento dado nos quieren ayudar no lo hacen por lo que aparentamos sino por lo que somos.

Lo invito amable lector a reflexionar y analizar detenidamente a las personas con las cuales usted convive, que lo rodean. Un antiguo refrán dice “dime con quién andas y te diré quién eres” el cual se complementa con otro que dice que "el que entre la miel anda, algo se le pega". A nuestro alrededor debemos tener personas que nos edifiquen, que nos animen, que a pesar de las circunstancias, por difíciles que estas sean, nos digan que podemos salir adelante. Si por algún motivo se da cuenta de que los “seres queridos” que lo rodean solo quieren verlo a usted cada vez más mal de lo que está, lo mejor es que comience a colocar distancia de por medio, por mucho que los ame. Usted es una persona que merece triunfar, que merece lo mejor de lo mejor, que nació para ser feliz.


Recuerde que todo en la vida parte de una decisión llevada a la acción, si usted sigue haciendo lo mismo no va a obtener resultados diferentes. Es necesario que si no está logrando sus objetivos cambie su modus operandi, que pase de ser una persona ordinaria y se convierta en alguien extraordinario y la mejor forma es dar lo mejor de usted, de hacer un esfuerzo extra, de luchar por sus sueños, llueva, truene o relampaguee. De insistir, persistir, resistir y nuca desistir. Nuestros “seres queridos” nunca dejarán de serlo, aunque, es su decisión si continúa haciéndoles caso a todo lo que le dicen, a frase tales como: Usted no es capaz, usted no puede hacer eso, usted no sirve para nada o que le dicen “sueñe, que eso relaja” y lo más desagradable de estas y otras frases no es la frase en sí, sino el tono burlesco con que las dicen.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Perder es ganar


Esta polémica frase de dirigente deportivo, profesor Francisco Maturana, es algo que nos debe hacer reflexionar cuando recibimos los resultados a una gestión como el director de un prestigioso colegio cuando manifiesta que “…Es el momento de hacer balance que para muchos es muy positivo, ya que cumplieron con las metas y logros que se trazaron desde el comienzo de año, otros les falto más compromiso y responsabilidad para lograr todo lo que tenían que conseguir. Algunos malgastaron el tiempo sin obtener ningún resultado positivo en sus deberes…”

Nada más acertado que lo expresado por el director, ya que, muchos caminamos porque vemos caminar no solo en las instituciones educativas sino en todos los estamentos sociales, muchos nos comportamos como “meros inquilinos sin saber qué hacemos y porque lo hacemos”. Aunque, también es cierto que existen excepciones a esta regla. En mi libro “Educando para la guerra” basado en una extensa, concienzuda y documentada investigación que un grupo de profesionales hicimos sobre las causas de la deserción escolar en América Latina. Detectado situaciones que dan lastima en cuanto a los modelos educativos utilizados en la mayoría de los países de América Latina y me atrevería a decir que en el gran parte del planeta. Situaciones que nos han llevado a pensar que “Estamos vivos de milagro” tal y como lo manifiesto en otro de mis libros. 

Para comprobarlo es sino mirar el listado de los países más corruptos del mundo (dentro de los cuales lastimosamente esta mi hermoso país Colombia) para demonstrar que el modelo educativo deja mucho que desear. Curiosamente, si vemos los menos corruptos también estableceremos las razones por las cuales lo son, todo parte de la calidad de la educación y la capacitación que se le está dando a las nuevas generaciones. 
Mi hijo después de recibir las notas, llorando me dijo: Papi como perdí el año ¿Cuál va a ser mi castigo? ¿Acaso me vas a echar de la casa como le dijo la mama de (…) si perdía el año? No supe que responderle. Simplemente lo abrace, le di un beso en la frente y le dije la famosa frase del profesor Maturana. No podía decirle que los que en verdad habíamos perdido el año habíamos sido primero que todo nosotros como padres que no supimos orientarlo, respaldarlo y brindarle el acompañamiento que necesitaba. Que los segundos que habían perdido el año habían sido sus profesores, que no habían sabido cómo trasmitirle sus conocimientos. Que la tercera que había pedido el año había sido la institución, que en vez de verdaderos maestros que practicaran la pedagogía del amor, tenía algunos instructores que solo se preocupaban por cobrar su sueldo pero que de pedagogía muy poco, ya que la metodología y las técnicas aplicadas no habían dado los resultados esperados. Que el cuarto que había perdido el año había sido el modelo educativo empleado en nuestro hermoso país el cual todavía está enseñando cosas que en poco tiempo los jóvenes olvidarían. Que el quinto que había perdido el año era el país, por llevar a sus jóvenes como borregos al desfiladero bajo la premisa que “si le gusta así bien o si no busque un mejor país donde vivir y capacitar a sus hijos”. 

Sin embargo ninguno de los anteriores es culpable de nada ya que durante más de 165.000 años, que según la teoría de la evolución evoluciono el homo sapiens (hombre sabio), nos han educado y capacitado para la guerra, lo cual se ha evidenciado en toda la historia de la humanidad, cuál de todas más violenta y sangrienta.

Nos han educado y capacitado para una desenfrenada competencia de que gane el mejor, no importando las estrategias que utilicemos para hacerlo. Educados y Capacitados bajo la premisa de cuanto tienes, cuanto vales; donde los principios y los valores están en franca decadencia ya que persona exitosa es aquella que se mide por los tenis y la ropa de marca, el carro último modelo, la cantidad de cuentas bancarias y tarjetas de crédito que tiene, el sitio donde vive o los lujos que pueda darse. 
Durante siglos hemos sido instruidos para tapizar las paredes de nuestras casas y oficinas con títulos y diplomas que respaldan la capacitación que hemos recibido en diferentes áreas del conocimiento pero que de educación no sabemos nada. Y hablando de violencia vi como una mamá empujaba a su hijo y le decía cualquier cantidad de barbaridades porque “había perdido el año”: que si era que no se había fijado en el sacrificio que ellos habían hecho para darle estudios, que si no tenía consideración con ellos por el dinero que habían gastado en él, que como fulanito de tal si había ganado el año cuando era un pobretón, en cambio el (dirigiéndose a su hijo) que “lo tenía todo” había perdido el año. 

La pregunta es ¿Qué puede pensar un muchacho cuando sus padres, supuestamente sus modelos a seguir, le dicen cosas así? No quiero ni pensar la navidad que va a pasar, a las burlas a que se va a tener que enfrentar y a lo que es más lamentable, las odiosas comparaciones que va a tener que escuchar. Es la constante en los días de “balances escolares”. Si en el caso nuestro que conocíamos la situación “especial” (disléxico) de nuestro hijo para educarlo y le suministramos al colegio y a los instructores toda la información para capacitarlo perdimos el año ¿Qué será de los padres que solo fueron unos cajeros automáticos y de unos instructores que solo se preocuparon por cobrar oportunamente sus salarios?

Debo resaltar las hermosas palabras que le dijo la profesora a mi hijo cuando le entrego las calificaciones: “tú no vas a repetir un año, simplemente vas a reforzar los conocimientos adquiridos, ahora dime una cosa ¿Cómo te gustaría que te enseñáramos el año entrante, en forma escrita o en forma oral como hemos comprobado que mejor captas?” El niño no dijo nada, no era necesario, como tampoco fue necesario que yo lo castigara por haber “perdido el año”. Por lo tanto, nada de nervios. Como dice el refrán “mientras haya vida hay esperanza” y siempre tendremos la oportunidad de mejorar. Dios permita que el próximo año si lo ganemos y seamos los padres que necesitan nuestros hijos y los maestros que necesitan nuestros estudiantes. ¡Que susto! ¡Los milagros existen!

jueves, 28 de octubre de 2021

Servicio al cliente I: Esa platica se perdió.

Por lo general siempre me gusta hablar de casos puntuales y de las cosas que solo a mí me pasan. Muchos de mis seguidores me escriben interesantes sugerencias y críticas a mi correo electrónico. Siendo reiterativa la crítica que mi forma de escribir es muy escuelera, demasiado práctica, simple y a veces demasiado directa. Aun no sé cómo interpretar esos comentarios, si como halagos o como “críticas constructivas” como suelen llamarlas algunos. Alguna vez tuve la oportunidad de preguntarle a un muy famoso escritor cuyo nombre quiero obviar porque lo que me escribió fue a nivel personal y no tengo autorización para divulgarlo: “… los críticos son personas que dicen saber mucho sobre lo que critican pero no saben hacer lo que critican. Señor Restrepo, si usted quiere ser un buen escritor, nunca someta sus escritos a la crítica pues no se puede dar gusto a todo el mundo, tendrá seguidores y también detractores, por lo tanto, guardando el debido respeto por todo y por todos, escriba para usted, porque si a usted le gusta lo que escribe, lo más probable es que a otros también les guste, nunca escriba por dinero, el dinero, si usted es un buen escritor, el dinero sera una de sus recompensas ya que la mayor recompensa es el reconocimiento por parte de sus lectores…”.

Siguiendo el consejo de ese gran hombre de las letras, hoy quiero escribir sobre una situación bien interesante. Hace poco debí visitar una de las sucursales de uno de los bancos más grandes de mi país Colombia cuyo nombre también quiero obviar para no herir susceptibilidades, además porque con esta maravilla o pesadilla del Internet, todo lo que uno publique queda disponible para que cualquier persona en cualquier parte del planeta pueda leerlo, así es que tratare de ser lo más educado posible.

Al ingresar al famoso banco me acerque a una hermosa joven que estaba muy entretenida con su teléfono celular pues no apartaba la vista de él. Sin mirarme dijo…


- A la orden señor.

Como aun no apartaba su mirada del celular espere a que terminara lo que estaba haciendo. Momentos después dejo su teléfono encima del escritorio y pregunto con cara de pocos amigos pues al parecer yo había interrumpido una conversación muy importante…

- Lo escucho señor – volvió a decirme la joven. 

Iba a responderle cuando se escuchó el sonido característico cuando ingresa un mensaje a un celular.

- Permítame un momento señor – dijo la joven cogiendo nuevamente su teléfono y mientras sonreía tecleo hábilmente un mensaje.

Como la joven seguía muy entretenida recibiendo y contestando mensajes en su celular me dedique a observarla. Realmente era una mujer muy hermosa, elegantemente vestida y el cargo que ocupaba posiblemente era la envidia de muchos compañeros. Pasaron algunos minutos antes de que la joven apartara su mirada del celular y volviera a prestarme atención.

- Ahora si dígame señor, ¿en qué puedo servirle? – me pregunto la joven mientras jugueteaba con su teléfono.

- Buenos días señorita, sería tan amable de…

No pude terminar la frase porque en ese momento se volvió a escuchar el sonido característico del teléfono cuando ingresa un mensaje. El caso es que no pude hablar con esa funcionaria del banco pues al parecer los mensajes que le estaban llegando a su móvil eran más importantes que yo, así es que salí de la oficina y busque a otra persona que me diera la información que necesitaba. Esa mañana recorrí casi todo el edificio de aquel banco ya que siempre me mandaban de un lugar a otro porque al parecer nadie sabía brindarme la información que estaba solicitando. Es de anotar que hable con diez personas, a nueve de ellas no les importaba ni les interesaba solucionar mi problema, para ellas la labor que realizaban era la más importante, yo simplemente los estaba distrayendo con mis tontas e inoportunas preguntas.

Lo curioso de todo es que por todas partes del edificio habían llamativos letreros donde se resaltaba la importancia del cliente. Hermosas fotografías de personas sonrientes que invitaban a utilizar los servicios y a adquirir los productos de la entidad bancaria. Como he sido algo inquieto con el tema del servicio al cliente me di a la tarea de investigar cuánto dinero invertía aquella prestigiosa empresa en capacitar a su personal. Una señora, ya entrada en años, que finalmente y muy amablemente resolvió mi inquietud, me comento que en los últimos años constantemente el banco utilizaba los servicios de renombrados entrenadores internacionales o coach como ahora rimbombantemente les dicen, para capacitar al personal, los cuales cobraban miles de dólares por sus servicios. Con un dejo de nostalgia en su voz, me dijo que a ella le había tocado vivir en ese banco tiempos mejores donde no había tanto entrenamiento pero si un gran sentido de pertenencia y de camaradería entre sus compañeros, muchos de los cuales ya se habían jubilado, algo de lo cual próximamente ella también disfrutaría.

Según me menciono, las cifras que la entidad bancaria invertía a nivel nacional e internacional en capacitación y en publicidad con el fin de atraer nuevos clientes, eran sencillamente asombrosas. Salí del banco preguntándome si los dueños o los altos directivos del banco se daban cuenta de lo que estaba pasando con el personal de servicio al cliente. Lo más probable es que no, debido a que por lo general se mantienen encerrados en sus oficinas o bunkers donde el contacto con el cliente común y silvestre no es muy común que digamos. 

La pregunta es ¿Qué tipo de capacitación recibe el personal de servicio al cliente? Es de anotar que todos los empleados de una empresa, independientemente la labor que realicen, son de servicio al cliente ya sea interno o externo. En las empresas, absolutamente todo el personal debe estar orientado y capacitado para brindar un servicio de excelencia. Infortunadamente como solemos decir en mi país Colombia “esa platica que se perdió”. Millones de dólares invertidos o mejor, gastados en “capacitación” se pierden porque a la hora de la verdad o como dicen actualmente en “los momentos de verdad” los resultados dejan mucho que desear.

Próxima entrega: Servicio al Cliente II: Actitud de servicio.

martes, 17 de noviembre de 2020

Insistir, persistir, resistir y NUNCA desistir


Se dice que quien nunca ha “fracasado” es porque nunca ha intentado hacer nada. Sin embargo muchos de los que han “fracasado”, que se han dado contra el muro, que han quedado con una mano atrás y otra adelante, muchas veces sucumben a esa terrible experiencia y toman decisiones tan drásticas como terminar con su vida, otros simplemente se hunden en sus recuerdos cuando eran prósperos y tenían todo lo que el dinero puede dar y se convierten en pobres vergonzantes, en drogadictos, alcohólicos o haciendo de su vida, la de su familia y amigos, un completo caos.

Millones de personas en la historia de la humanidad han pasado por situaciones personales y sociales que no quisieran volver a repetir, sin embargo, debido a lo que escribía en un blog anterior de que “estamos biencapacitados pero mal educados”, será una historia que se continuará repitiendo por cientos y quizás por miles de años hasta que nos demos cuenta que la violencia en todas sus manifestaciones, es un mal negocio y que puede llevar al exterminio de la misma raza humana. Es que la frase aquella que dice que “quien no conoce la historia está dispuesto a repetirla” no es del todo cierta, ya que conocemos la historia y continuamos repitiéndola una y otra vez, para la muestra, un botón, las guerras que buscan la paz - nada más contradictorio - cuando en realidad lo que buscan es demostrar el poder en todas sus manifestaciones.

En este blog no quiero hablar de esas tristes y decadentes formas de pensar de una minoría que convierte la vida de la mayoría en un verdadero infierno, al punto de poner en serio peligro la estabilidad de nuestra casa, el planeta tierra.  Hoy quiero escribir, basado en mi experiencia personal  de haber “fracasado” en la salud, el dinero, el amor o la espiritualidad y en lo interesante que es convertir nuestros “fracasos” en extraordinarias experiencias de vida. Se preguntará usted amable lector por qué escribo fracaso entre comillas. Por la sencilla razón que pienso que no existen los fracasos, existen experiencias, exámenes que la vida nos hace, muchos de las cuales no ganamos y debemos repetir una y otra vez la lección hasta aprenderla, la mayoría de las veces a la fuerza.

Para un enfermo existe un momento decisivo en la difícil situación que vive y es cuando entra en crisis; o se alivia o se muere. De igual forma, cuando en nuestra vida se generan esas crisis que pensamos no vamos a poder superar, es quizás el mejor momento que podemos vivir ya que las crisis si no se dan por si solas, necesariamente hay que propiciarlas pues  muchas veces pensamos que todo está bien, cuando en realidad nuestra vida se asemeja a una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento generando infelicidad,  destrucción y muerte.

Es necesario entonces hacer un alto en el camino y evaluar si lo que estamos haciendo realmente nos produce felicidad o solo lo hacemos por aparentar algo que no somos o porque nos hemos conformado con lo poco o lo mucho que tenemos. 

Si la conclusión a tu reflexión es que realmente eres feliz en todo el sentido de la palabra, ¡excelente! Si por el contrario te das cuenta que estas viviendo una vida que no es la quieres vivir, es el momento de cambiar de estrategia, pues como decía el científico Albert Einstein, “es de tontos esperar resultados diferentes y continuar haciendo lo mismo”.

Le invito pues a tomar la decisión y ponerse en acción, si realmente quiere lograr el objetivo principal de todo ser humano que es ser feliz. Le anticipo que no será una tarea fácil, nada que valga la pena lo es. Sin embargo si insiste, persiste, resiste y NUNCA desiste hasta hacer realidad sus sueños y despertar de una vez por todas de sus pesadillas, se que lo va a lograr.  Un proverbio oriental afirma que “para dar una larga caminada, hay que comenzar con el primer paso” y ese trascendental paso que usted debe dar es saber dónde está y dónde quiere llegar, porque "el que no sabe para donde va, ya llego".


sábado, 3 de marzo de 2018

Mentiras Verdaderas II


Antes que nada permítanme darle los más sinceros agradecimientos a todos los seguidores de mi blog por la gran cantidad de comentarios que me han enviado por mi anterior blog “MentirasVerdaderas”.


Mi nuevo blog está precisamente basado en esos comentarios. A ver les cuento. Se dice que “más fácil cae un mentiroso que un cojo”. Uno de mis libros titulado “Con amigos así…” es la historia de una interesante experiencia financiera que tuve hace algunos años, por eso puedo decir, con conocimiento de causa, que “amigos y seres queridos” que están con nosotros en  las buenas y en las malas – sobre todo en estas últimas – y que lo sigan apreciando a uno a pesar de las circunstancias, muy pocos, los míos por ejemplo los puedo contar en los dedos de una mano y me sobran dedos.

Infortunadamente estos lobos (amigos) disfrazados con piel de oveja, son circunstanciales y solo son “leales” a lo que tenemos o representamos y cuando sus necesidades cambian, así de fácil cambian sus lealtades. Como quien dice, son amigos mientras les seamos útiles para algo ya que cuando llegan los años de “vacas flacas”, solo recibimos de ellos críticas y juzgamientos, los cuales se incrementan y se vuelven más mordaces con la “información confidencial” suministrada por una de las partes – por lo general de quienes han salido afectados por nuestro descalabro financiero - acrecentando su odio y rencor contra nosotros. Difícilmente investigan las razones de nuestro “fracaso”, ya que hacerlo, implicaría descubrir que están equivocados y que sus críticas y juzgamientos se quedan sin respaldo. Para ellos entonces continuaremos siendo unos estafadores y ladrones y serán ellos los que se sientan traicionados y no habrá poder humano para convencerlos de lo contrario ya que nuestras explicaciones para ellos solo son “mentiras verdaderas”.

Por otro lado, cuando nos suelen ocurrir esos desastres económicos y comenzamos a buscar empleo es prácticamente imposible lograrlo ya que si a los jóvenes les da dificultad emplearse, a los que pasamos de los cincuenta mucho más porque para el mercado laboral, no somos muy atractivos que digamos. Pasan los idas, los meses, los años y el decir de nuestros "seres queridos" es que no queremos laborar. 

Solo los que hemos pasado por situaciones financieras difíciles, sabemos todo lo que debemos hacer para tratar de salvaguardar la poca dignidad que nos queda ya que los más aventajados se apoderaron de todos nuestros bienes materiales. Afortunadamente entre cielo y tierra no hay nada oculto y tarde que temprano la verdad sale a flote, infortunadamente de poco o nada sirve saber la verdad de lo ocurrido ya que no se puede recuperar ni la honra ni mucho menos los bienes materiales. Alguien decía alguna vez que es más fácil volverle a colocar las plumas a una gallina que recuperar la honra y la credibilidad perdida.

En mi blog anterior hablaba que nadie se hace rico de la noche a la mañana ya que nadie sabe cuántos años duro la noche. Y es  que la vida de los emprendedores es una aventura extrema en la cual pocos sobreviven. De ahí que el 95% de los seres humanos labore para el 5% restante, dueños de las mayores fortunas. Muchas de ellas heredadas, otras conseguidas con actividades no muy santas, pero la gran mayoría, logradas con mucho trabajo y gracias a una serie de “mentiras verdaderas” con el fin de ganar tiempo y préstamos para financiar los nuevos proyectos de vida.

Me preguntará usted amable lector ¿Por qué recurrir a mentiras en vez de decir la verdad? Por una sencilla razón; porque como lo manifestaba anteriormente, así digamos la verdad, nadie nos cree, entonces decir la verdad o una mentira es prácticamente lo mismo. Las mentiras entonces se convierten para los emprendedores en verdaderos retos para convertirlas en verdades y así poder vivir en un mundo donde solo sobrevive el más fuerte o tal vez, el más mentiroso y con esto no estoy haciendo una apología a la mentira pues pienso que la mentira es un delito como cualquier otro, por lo tanto no la defiendo, solo que es algo a lo cual se acude para lograr un objetivo y como dicen las sagradas escrituras “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.  

Curiosamente lo de acudir a las “mentiras verdaderas” es una práctica más común de lo que se cree, lo cual comprueba una vez más lo que digo en mi libro “Estamos bien capacitados peromal educados”. Balances maquillados con el fin de mostrar unas utilidades que no existen, inventarios inflados,  cheques sin fondos, pagarés que no tienen ningún respaldo, títulos valor que no valen nada, comisiones o recompensas por lograr contratos, tasas de interés desproporcionadas y la gota que rebosa la copa en mi país Colombia, los llamados pagadiarios, verdaderas sanguijuelas que se aprovechan de los que no podemos acceder a créditos bancarios. La lista de mentiras verdaderas a las cuales se acude es bien larga, cuál de todas más elaborada e interesante.

Cuando me preguntan cuál es la clave para ser emprendedor, mi respuesta es: tener física hambre. Y es que nada hay más peligroso que un pueblo con hambre. Un dicho popular en mi país dice que “el hambre hace hacer muchas cosas”. Es necesario tener física hambre para ingeniarse la forma de calmarla o como dice otro refrán, “la necesidad es la madre de todos los inventos”. Cuando se tiene hambre de alimentos, de triunfo, de salir adelante, de superación, de hacer realidad los sueños, es cuando la persona está dispuesta a correr grandes riesgos. Infortunadamente muchos, al pensar que el dinero lo hace todo, hacen todo por dinero y optan por seguir el camino más fácil o quizás el más difícil, la delincuencia en todas sus manifestaciones, con lo cual, en vez de solucionar un problema, antes lo empeoran.


Como estoy seguro apreciado lector y emprendedor que ese no es su caso y que al igual que yo, prefiere comerse un plato de lentejas conseguido honradamente que darse un banquete manchado de sangre, quiero recordarle que “quien no sueña, trabaja para un soñador” por lo tanto, nada de nervios, nadie ha dicho que hacer realidad los sueños sea fácil, nada que valga la pena lo es. De algo si puede estar completamente seguro, nada hay más gratificante que hacer realidad nuestros sueños. Así es que lo invito a insistir, persistir resistir y NUNCA desistir hasta hacer realidad sus sueños y despertar de sus pesadillas. Tiene al mejor banquero, al mejor socio, al mejor consejero, papá Dios y así usted no crea en Él, Él sí cree en usted. Ore como si todo dependiera de Él pero labore como si todo dependiera de usted.


jueves, 12 de octubre de 2017

El Ave Fénix


Cuenta la historia que el fénix era un ave mitológica del tamaño de un águila, de plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente, de pico y garras fuertes. Se trataba de un ave fabulosa que se consumía por acción del fuego cada 500 años, para luego resurgir de sus cenizas. El mito del ave Fénix, alimentó varias doctrinas y concepciones religiosas de supervivencia en el más allá, pues el Fénix muere para renacer con toda su gloria. Según el mito, poseía varios dones, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas, fuerza descomunal, control sobre el fuego y gran resistencia física. En el Antiguo Egipto se le denominaba Bennu y fue asociado a las crecidas del Nilo, a la resurrección, y al Sol. El Fénix ha sido un símbolo del cuerpo físico y espiritual, del poder del fuego, de la purificación, y la inmortalidad. 



Hermosa la historia la del Ave Fénix ¿Verdad? Siempre he pensado que los humanos nos parecemos mucho a esa mitológica ave. Muchas veces en nuestra vida, después de haber fracasado en el amor, en el dinero, en la salud, en la espiritualidad o a veces en todas juntas, es necesario renacer de nuestras cenizas una y otra vez, tal y como lo hacía esa fantástica ave. Cuando desencarnamos a lo cual algunos llaman muerte, que en realidad es, resurgir, resucitar, volver a la casa del padre o a hacer parte de esa energía creadora y conservadora del universo que es Dios la verdadera vida, volvemos a renacer de nuestras cenizas. 



Infortunadamente la inmensa mayoría no supera esa transición y permanecen “muertos”, fracasados lamentándose de su infortunio, preguntándose porque y no para que les paso lo que les paso. Son personas que “mueren” a una edad muy temprana y las entierran muchos años después. Por difícil que haya sido la experiencia vivida, siempre habrá quien la haya superado, siempre habrá quien haya sufrido más o le haya tocado vivir situaciones mucho más difíciles puesto que todo aquello que nos hace llorar, no es una tontería, puesto que nos hace llorar. Para nosotros, nuestro problema puede ser descomunal, otros lo verán como algo pequeño en comparación con las dificultades que a ellos les ha tocado sortear. 

Definitivamente los humanos somos muy malagradecidos, en vez de estarnos quejando por lo que no tenemos, deberíamos agradecer lo poco o lo mucho que si tenemos. Dirá usted que para mí es muy fácil escribir eso porque no me ha tocado vivir las difíciles situaciones que le ha tocado soportar a usted, lo cual es muy cierto, lo que sí puedo asegurarle es que tampoco a usted le ha tocado vivir y experimentar las que yo he vivido y así nos podríamos pasar la vida comparando lo bueno, lo malo y lo feo de nuestras vidas. Una sugerencia que si quiero hacerle con todo respeto, es que, independientemente sea la difícil situación por la que está pasando, siempre es posible mejorar, siempre y cuando haya tocado fondo, pues si no lo ha hecho, lo más seguro es que se acostumbró a esa situación y la volvió una forma de vida. 

De ser así, lo más probable es que utilice frases tales como: “es que Dios lo quiso así”, “es que yo tengo muy mala suerte”, “es que me embrujaron, me maleficiaron o en el peor de los casos, me enterraron vivo”, “es que como mis tatarabuelos, mis abuelos, mis padres y todas las generaciones de las que provengo han sido siempre pobres, entonces yo también debo ser pobre”. Al respecto permítame recordarle que no existe mayor pobreza que la mental, ya que no hay seres humanos pobres, lo que hay es seres humanos ilíquidos o si no pregúntele a las aseguradoras por cuanto estarían dispuestas a asegurar su cuerpo. Es más, ingrese a Internet para que vea cuanto están dispuestos a pagar muchos multimillonarios por un riñón o por cualquier otro órgano que pueda ser trasplantado ya que el comercio ilegal de órganos es una realidad. 

En ese orden de ideas apreciado lector y seguidor de mi blog, le sugiero que analice detenidamente su situación y comience a investigar a que se debe. Estoy seguro que le encontrara una explicación lógica. La mayoría de las veces, el único culpable de lo que le paso o lo que le esta pasando, es usted mismo, ya sea porque confió demasiado en los demás o porque de una u otra forma infringió las leyes naturales o sociales. Cualquiera sea la situación que esta viviendo, es el resultado de las decisiones que tomo en el pasado. Dependiendo de la siembra que hizo, esa es la cosecha que esta recogiendo.

Somos lo que pensamos y hacemos, por lo tanto amigo lector, nada de nervios,  haga un alto en el camino, dese un respiro, entre en contacto con ese espíritu santo maravilloso que habita en usted y pregúntele que debe hacer, estoy completamente seguro que él le dará el mejor consejo. Es que si tan solo le hiciéramos caso a esa vocesita que nos dice lo que debemos o no hacer, nuestra vida sería muy diferente. El problema es que la confundimos con algún trastorno mental o producto de nuestra imaginación y por eso es que nos pasa lo que nos pasa.

¿Qué existe el mal? Por supuesto que existe el mal producido por humanos con mentes distorsionadas que hacen de él un excelente negocio, los cuales están dispuestos a hacer cualquier cosa por obtener dinero y cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa por grave que sea, pues como decía el sabio Voltaire "Quien piensa que el dinero lo hace todo, esta dispuesto a hacer todo por dinero".

Desde hace miles de años, los humanos han hecho, hacen y harán las atrocidades más grandes por dinero. Ahora bien, así como existen seres humanos capaces de hacer lo que sea por dinero, también los hay, y yo diría que somos la inmensa mayoría, para los cuales el dinero, si bien es cierto es muy importante, más importante para nosotros son los principios y los valores, los cuales no son ni serán negociables.

Lo(a) invito pues a emular al Ave Fénix y a que renazca de sus cenizas, a que despierte de su pesadilla, de su letargo y haga realidad sus sueños, para lo cual le recomiendo leer mi libro ¡Sueñe, que eso relaja! El cual puede obtener con solo solicitarlo a mi correo electrónico onofrerestrepo@gmail.com


lunes, 25 de julio de 2016

Nada de Nervios



¿Hoy ha sido un día difícil para usted? ¿Se levantó con el pie izquierdo o ni siquiera se ha podido levantar? ¿Amaneció hoy con la feura alborotada donde nada le sirve, todo le incomoda, todo y todos le molestan? ¿Tiene serias dificultades con su salud, con el amor, con el dinero, con la espiritualidad o con todas juntas? ¿Le juraron amor eterno o una amistad incondicional y todo fue un sofisma de distracción? ¿Se siente un fracasado? ¿Se siente como en la canción del gusanito que nadie lo quiere, todos lo odian, mejor se come un gusanito…? ¿Sus “amigos” fueron leales no por lo que usted es sino por lo que representaba para ellos y simplemente como decía el comediante mexicano Roberto Gómez Bolaños, en su personaje del chapulín colorado, se aprovecharon de su nobleza? ¿Cuándo cobra por su labor le pagan lo que al comprador le da la gana y no por lo que valen sus conocimientos y experiencias? ¿Las personas en las que confió lo dejaron con una mano atrás y otra adelante? ¿Piensa que el malo de la película es usted y que está en el lugar equivocado? ¿Qué no es lo suficientemente proactivo? ¿Qué todos sus estudios o experiencias nada valen? ¿Qué no es bueno para nada? ¿Ha llegado a pensar en terminar hasta con su propia vida? Etc. Etc. 

Si la respuesta a todas las anteriores y demás preguntas que tenga es afirmativa “NADA DE NERVIOS”, el hecho que esté pasando por todas esas dificultades es porque usted es un ser excepcionalmente maravilloso, solo que usted no se ha dado cuenta de ello y no sé si usted cree en un Dios, afortunadamente Él si cree en usted y como su padre, no le daría problemas que usted no tuviera la capacidad de superarlos. Ahora bien, una cosa es que usted tenga un inmenso valor – o si no pregúntale a las aseguradoras – y otra que se valore. 

El 99% de los seres humanos que habitamos el planeta tierra tenemos dificultades, unos las tenemos más grandes que otros, pero dificultades al fin y al cabo, ya que todo aquello que nos hace llorar no es una tontería, puesto que nos hace llorar. Ahora la pregunta que debemos hacernos es ¿hasta cuándo? Porque una cosa es fracasar y otra muy diferente ser un fracasado. Me atrevería a afirmar que todos los seres humanos hemos fracasado en algún aspecto y en algún momento de la vida, ya sea en el amor, en el dinero, en la salud, en la espiritualidad o muchas veces se generó el efecto domino y fracasamos en todas las anteriores. Otra cosa es cuando nos quedamos lamentándo el resto de nuestra existencia tales fracasos y no hacemos nada por superarlos, convirtiéndonos en unos fracasados. 

Dicen los médicos que el mejor momento de un enfermo es cuando entra en crisis, o se alivia o se muere. De igual forma, el mejor momento de un fracaso es cuando tocamos fondo o sea cuando respondemos afirmativamente todas las anteriores preguntas. Es ahí donde tenemos dos opciones, o quedarnos anclados en el fondo lamentándonos o comenzar a buscar la superficie. Toda decisión que tomemos y la llevemos a la acción, será un paso más para salir de la crisis, la cual puede durar días, semanas, meses o quizás años, todo depende de las ganas, de las decisiones y de las acciones que usted tome para superarla, ya que , como dice la célebre frase popular “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. 

Quiero confesarle algo, yo sé lo que es fracasar en todos los aspectos antes mencionados y también se lo que es hacer realidad mis más grandes sueños o sea triunfar, teniendo en cuenta que triunfar no es sinónimo de riquezas materiales, ya que ha triunfado el que ha hecho realidad sus sueños. Así es amigo lector que, nada de nervios, lo que escribo, lo escribo con conocimiento de causa y no por dármelas de escritor. Cuando le digo que todo tiene solución, es porque así es, aunque muchas veces esa solución no es la que nosotros queríamos, sin embargo nuestro padre Dios sabe cómo hace sus cosas. 

Y es que cuando hemos hecho lo que nos ha dado las gana y al final tenemos que hacer como en la parábola del hijo prodigo, volver arrepentidos al padre, éste nos recibirá con los brazos abiertos y todo comenzara a funcionar como hubiera funcionado desde un principio si lo hubiéramos tenido a Él en cuenta. Solo que a veces nuestra prepotencia y arrogancia no nos permite reconocer que somos humanos, tan solo humanos, con muchas fortalezas pero también con muchas debilidades y limitaciones. 

Ahora bien. La idea no es que genere usted una parálisis por análisis, ya que cuando uno piensa demasiado una cosa, no la hace porque le encuentra demasiados problemas. La mejor forma de aprender a nadar es lanzándose al agua, arriesgarse, tomar la iniciativa, tomar la decisión y ponerse en acción, fijarse una meta en pos de un sueño. A propósito de sueños, ¿Cuál es su sueño?, recuerde lo que decía el filósofo chino Lao Tse que “un sueño es aquello por lo que estamos dispuestos a dar la vida, los demás son simples deseos”. Otra frase bien interesante al respecto es la que dice que “quien no sueña, trabaja para un soñador” y es que cuando usted no sabe para dónde va, cualquier camino es igual. Yo no sé cuál sea su situación actual, lo que si se, es que, por difícil que esta sea, es posible mejorarla sustancialmente si comienza a cambiar de actitud, a insistir, a persistir, a resistir y a NUNCA desistir hasta hacer realidad sus sueños. 

Recuerde que todo lo bueno o lo malo que le esté pasando es el resultado de las decisiones que tomó en el pasado. Nadie triunfa o fracasa de un día para otro. Tanto el triunfo como el fracaso requieren de un proceso que puede llevar días, semanas, meses o años. Hay quienes dicen que fulano de tal se volvió rico de la noche a la mañana. Lo que no saben los que afirman tal cosa es cuantos años duro la noche de esa persona antes de ver la luz al final del túnel y salir a disfrutar de un esplendoroso día o sea triunfar. 

Cada “fracaso” es un escalón más para llegar a la cima del triunfo y quien nunca ha fracasado es porque nunca ha intentado hacer nada. Claro está que como la mendicidad es el mejor negocio del mundo ya que prácticamente no hay que invertir económicamente nada; hay quienes se acostumbran a mendigar ya sea amor, dinero, salud o espiritualidad porque no debemos olvidar que los latinos somos milagreros por excelencia y siempre estamos pidiendo un milagro o queremos ganarnos una lotería, sabiendo que cada día que amanecemos vivos, tenemos la oportunidad de laborar para hacer realidad nuestros sueños, ya que mientras haya vida, hay esperanza. 

Así es amigo lector que “nada de nervios” para atrás ni para coger impulso. Yo no sé cuál sea su edad en este momento. Si tenemos en cuenta que el promedio de expectativa de vida para los humanos en el planeta tierra es de ochenta y cinco años, la pregunta es ¿Qué piensa hacer usted en los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses o los años que le quedan de vida?

lunes, 14 de marzo de 2016

Trabajo en equipo


Mucho se habla en las empresas de trabajar en equipo, la pregunta que me hago cada que me invitan a una empresa para realizar capacitación es: ¿Realmente los directivos y mandos medios trabajan en equipo? Siempre he dicho en todas mis publicaciones que las empresas son fiel reflejo de sus dirigentes y que no hay malas empresas sino malos empresarios. Constantemente me encuentro con directivos para los cuales el trabajo en equipo solo lo deben realizar sus subordinados ya que ellos se consideran productos terminados y después de ellos no hay nadie pues practican la ley de azadón, todo para acá y nada para allá. 

Pero ¿Qué es realmente trabajar en equipo? El ejemplo más claro lo dan los antiguos relojes que contaban con un intrincado mecanismo que hacía que el reloj mostrara la información que de él se necesitaba, como la hora por ejemplo, aunque existen otros que no solo dan la hora sino otra gran cantidad de información dependiendo de la sofisticación de su mecanismo. La pregunta es ¿Cuál de todas las piezas que compone el reloj es la más importante? Todas son importantes, desde la más pequeña hasta la más grande ya que si cualquiera de ellas falla, el reloj se detiene o comienza dar una información equivocada. 

Me agradan las carreras de automóviles de fórmula uno, es impresionante ver como los equipos de las diferentes escuderías están tan supremamente bien entrenados, que cuando el vehículo llega a pits, un enjambre de mecánicos lo rodean y en pocos segundos le hacen cualquier cantidad de cosas para que el vehículo pueda seguir en competición. ¿Qué pasaría si uno de esos mecánicos no hiciera bien su trabajo? La vida del conductor y quizás de muchos otros estaría en peligro. Y así por el estilo existen cualquier cantidad de ejemplos de lo que es trabajar en equipo.

Es el caso del futbol, que cuando el equipo hace goles, todos los miembros del equipo son unas maravillas pero cuando el equipo va mal, el primero que sale es el técnico, la pregunta que siempre me hago es ¿Quiénes son realmente los que están en la cancha jugando? Yo siempre veo al técnico al borde de un ataque de nervios viendo como sus jugadores cometen cualquier cantidad de errores y que no son capaces de meter goles cuando supuestamente todos los jugadores saben lo que deben hacer. La pregunta es ¿Por qué no los hacen? Por una sencilla razón, se les ha olvidado jugar; para ellos su labor se ha convertido en una obligación y por lo tanto ya no disfrutan lo que hacen, están tan presionados a mostrar resultados que ya no se divierten. Es por eso que no me gusta el futbol profesional, me divierto más viendo a los niños jugar y meter muchos goles pues veo en ellos la pasión que han perdido muchos de sus endiosados ídolos. 

Dejando a un lado el llamado deporte de emociones y continuando con el ejemplo de las empresas, existen las llamadas “ruedas sueltas”, personas que piensan y actúan por su cuenta sin tener en cuenta a sus compañeros de trabajo e incluso difícilmente obedecen las instrucciones, convirtiéndose en un verdadero dolor de cabeza y fuentes de conflictos. ¿Qué hacer con ellas? Siempre se ha dicho que lo que no sirve, estorba. Siempre debe primar el bien común al bien particular. Esas personas que son cusumbos solos, posiblemente sean unas eminencias, que están muy bien capacitadas pero mal educadas ya que ponen en riesgo no solo la empresa sino la estabilidad emocional de todos los que en ella laboran. 

Y es que no hay nada más desagradable que tener a un compañero o directivo respirándole a uno en la nuca. Que se convierten en cámaras de video integradas al circuito cerrado de televisión de la empresa para irle a contar a su superior lo que está o no haciendo el desafortunado empleado con el fin de ganar indulgencias con padrenuestros ajenos. Y hablando de circuitos cerrados de televisión, los cuales son muy importantes para mejorar la seguridad, se han convertido en los generadores de estrés más grandes de las empresas ya que los empleados se sienten constantemente vigilados, supervisados y monitoreados por sus jefes desde cualquier lugar del planeta donde se encuentren ya que gracias a Internet, estos sistemas se pueden conectar a la red de tal forma que así el directivo este en el otro lado del planeta, es como si estuviera al lado de sus empleados. 

Con todo respeto permítanme preguntarle a esos directivos: si ustedes no confían en su gente, ¿para que los tiene laborando en su empresa? El empleado mamagallista, mal intencionado y perezoso, así tenga una cámara de televisión siempre detrás de él, encontrara la forma de hacerle creer a su jefe que está muy juicioso laborando cuando en realidad lo que esta es perdiendo el tiempo, la mayoría de las veces por falta de sentido de pertenencia, otras veces para demostrarle a su jefe que así lo estén vigilando él siempre hará lo que le venga en gana.

Trabajar en equipo es cuando cada uno de los empleados de la empresa sabe que el futuro de ella y por ende de ellos, depende que cada persona tenga la suficiente iniciativa para hacer lo que debe hacer bien hecho y sin que nadie se lo ordene o lo estén vigilando. Soy de las personas que piensa que en las empresas no debería haber personal de control de calidad, porque si cada persona hace bien su labor ¿para qué necesita que alguien lo verifique? Es un hecho que si las empresas tienen personal de control de calidad es que no confían en su personal por lo tanto deben incrementar sustancialmente sus gastos operativos contratando supervisores que supervisen a los supervisores y así sucesivamente. 

Si el dinero que gastan en personal para supervisar lo invirtieran en capacitar y mantener motivado al personal que está realizando las diferentes labores, las empresas se ahorrarían cualquier cantidad de dinero y dolores de cabeza pensando cómo superar crisis que la mayoría de las veces son generadas al interior de las mismas empresas por empleados aburridos que no ven la hora de salir de sus turnos laborales para “respirar aire fresco” y gozar de un poco de privacidad y digo un poco porque cada vez son más los “ojos” que nos vigilan desde todos los lugares e incluso desde el espacio ¡que susto!

lunes, 15 de febrero de 2016

Los tengo que...

Es impresionante ver cómo avanza el tiempo y ahora con el redescubrimiento de las ondas gravitacionales, lo cual abre la posibilidad de viajar en el tiempo, literalmente hablando, como decía la célebre frase de la serie viaje a las estrellas “el espacio será la frontera final”. En mis novelas de “ficción” siempre he dicho que entre la ficción y la realidad hay solo un paso y que lo que hoy llamamos ficción es simplemente el anticipo de lo que tarde que temprano será una realidad. 

Mientras el universo está en constante expansión y los humanos en constante investigación, tarde que temprano nos reencontraremos con realidades que durante siglos hemos tratado de ocultar. Sin embargo ese no es el tema de hoy, dejemos que sean los científicos los que se continúen quemando las pestañas averiguando de dónde venimos y para donde vamos y mejor hablemos de temas un poco más mundanos y no menos controversiales, se trata de “los tengo que…” 

¿Quién no ha dicho alguna vez: Tengo que hacer esto, lo tengo que hacer en tanto tiempo y si no lo hago yo nadie lo hará? Es más, existen personas que se sienten tan importantes que piensan que si mueren el planeta dejara de girar. Lo que no saben ellas es que, muy probablemente el planeta gire un poco más rápido ya que se habrá librado de la pesada carga en que se habían convertido. 

Tal vez me equivoque pero “los tengo que” es lo que hace que más personas desencarnen antes de tiempo. La ansiedad, el estrés - el cual muchas veces se convierte en escinco o quizás más - es lo que más infartos está ocasionando y cuando me refiero a infartos no solo me refiero al corazón sino a las congestionadas vías de muchos países que se ven colapsadas por la cantidad de vehículos conducidos por personas que quieren llegar de primeros y en el menor tiempo posible a sus destinos porque “tienen que…” 

En mi país Colombia se suele decir que “lo único que uno tiene que, es morir” y hasta eso está en entredicho porque gracias a la criocongelación es posible mantener “vivo” o en estado de hibernación a un ser vivo indefinidamente. Es que con esto de los adelantos de la ciencia lo que para nuestros antepasados era ficción, hoy es una realidad.
La pregunta que le quiero hacer hoy amable lector es ¿Qué es lo que tiene que hacer y si no lo hace algo muy malo va a pasar? Por ejemplo: Ir a laborar, ir al médico, conseguir dinero para pagar sus deudas actuales y así poderse endeudar más para comprar cosas con el dinero que no tiene, conquistar al ser amado, orarle a su Dios para buscar el perdón de sus muchos pecados y así lograr salvar su alma, etc. etc. etc. Estoy seguro que la lista de las cosas que “tiene que hacer” es interminable. 

Ahora permítame hacerle con todo respeto otra pregunta ¿Qué pasaría si usted muriera en este preciso momento? Dios no lo quiera. Lo más probable es que a sus “seres queridos” les cause una gran impresión ese hecho, a otros una gran tristeza, otros por el contrario darán gracias a su Dios, ya que podrán disfrutar del dinero que posiblemente usted ahorro con tanto esfuerzo y que nunca gasto porque lo tenía reservado para una ocasión especial o porque consideraba que era pecado darse los lujos que solo el dinero puede dar. Y es que si usted no disfruta de su dinero, sus herederos si lo harán. 

Alguna vez un gran amigo que infortunadamente ya no está en este plano de la existencia, me decía que uno debía ser 50% responsable y 50% irresponsable. Según él, el equilibrio entre la responsabilidad y la irresponsabilidad debía mantenerse, de lo contrario “los tengo que” y los sentimientos de culpa terminaban por apoderarse de nosotros. Debo aclarar que con esto no le estoy diciendo que renuncie a su trabajo, aunque pensándolo bien, si es un trabajo, bien vale la pena que lo haga ya que si desglosamos la palabra trabajo encontraremos que, literalmente hablando, algo está obstaculizando o impidiendo el normal desarrollo. Está trabado, sujeto y ligado por lo bajo, por lo tanto, lo más seguro es que no esté disfrutando de lo que hace. Caso contrario si usted está realizando una labor que le agrada tanto hacerla que a veces siente algo de vergüenza cuando le pagan por hacerla. 

Sea cual sea sus “tengo que…”, le sugiero que los analice un poco más detenidamente y trate en lo posible de cambiarlos por los “quiero…” ya que una cosa es decir “tengo que ir a hacer tal cosa” y otra muy diferente decir “quiero hacer tal cosa”. Si no es posible cambiar el termino tengo por quiero, le aseguro que usted está en el lugar equivocado. La vida es demasiado corta para desperdiciarla haciendo cosas que no nos agradan. El dicho aquel que uno debe amar lo que hace independientemente si le gusta o no, no es del todo cierto, pues tarde que temprano la bomba de tiempo en que se ha convertido esa actividad, explotara y los resultados serán nefastos. 

Mi invitación es a tomar la decisión y ponerse en acción de cambiar “los tengo que… ” por los “quiero… ” le aseguro que cuando usted lo haga, el planeta y todos los que habitamos en él, se lo agradeceremos.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Parálisis por analisis


En todos mis escritos siempre he dicho que “cuando se piensa demasiado algo, no se hace”. Pues una cosa es programar, planear y analizar los pro y los contras de un proyecto y otra muy diferente es pensar que este no presentará ninguna dificultad por más estudios que se le hayan realizado. ¿Ha hecho usted una fiesta en casa o ha construido una? Por lo general siempre falta algo, así se hayan hecho todos los preparativos para atender bien a los invitados o se tengan todos los recursos físicos y financieros para construir la obra. Imprevistos siempre surgirán. A última hora falto el hielo o se acabó el presupuesto que se tenía para la construcción. 

La parálisis por análisis es una de las mayores dificultades por las cuales atraviesa un proyecto o una empresa. El ejemplo es muy simple. Cuénteles usted un mismo proyecto a dos personas, una de ellas es un magister en economía y el otro es un multimillonario que difícilmente ha terminado los estudios primarios. El académico lo primero que esgrime es un computador el cual, utilizando un sofisticado software, analiza al detalle el negoció. El que tiene escasos estudios pero una gran intuición y un desarrollado sentido común, infortunadamente el menos común de los sentidos, escucha con atención la propuesta que usted está haciendo. Cuando usted termina su exposición, la persona que estaba procesando toda la información en su computador, lo mira a usted con cara de preocupación, arqueando una de sus cejas le dice palabras más palabras menos “Muy interesante su proyecto, sin embargo, con todo respeto, permítame mostrarle – dice señalando la pantalla de su computador – los análisis que he realizado. Como vera, el sistema me dice que el proyecto no es viable ya que el retorno de la inversión (…) y le da una serie de explicaciones estadísticas que así lo corroboran. Por lo tanto debo decirle que nuestra organización no invertirá en su proyecto, así es que con permiso y gracias por habernos tenido en cuenta” Dicho esto el elegante hombre se pone de pie y se retira. 

Presintiendo que la otra persona le va a decir lo mismo, usted comienza a guardar todos los documentos que había utilizado para exponer su proyecto, dispuesto a marcharse. Sin embargo la otra persona le pregunta “¿tiene usted alguna prisa o nos podemos tomar un café? Me gustaría que me contara un poco más de su proyecto”. Muy entusiasmado usted le narra con lujo de detalles todo el proyecto nuevamente, está vez a usted le brillan sus ojos de la emoción que siente de hablar de su sueño, de su proyecto de vida. Un brillo que es detectado por la persona con la cual usted se está tomando ese café, que sonriendo le dice: “me gustaría conocerlo un poco más a usted y a su proyecto, por favor visíteme en mi oficina para que veamos como sacamos adelante esa interesante idea”.

¿Qué hubiera pasado si todas las personas que se han arriesgado a montar una empresa, a hacer un negocio o incluso, a iniciar una relación de pareja, se hubieran puesto a analizar si era viable o no? Seguramente yo no estaría utilizando un computador portátil para escribir este blog ni usted estaría leyéndolo y muy probablemente no existiría ya que no habría sido engendrado.

Las preguntas son ¿Cuánto cree usted en su idea, en su proyecto o en su sueño? ¿Cuánto está dispuesto a invertir y a arriesgar? ¿Está dispuesto a pagar el precio de hacer realidad ese sueño? Es de anotar que el precio que necesariamente deberá pagar es directamente proporcional al tamaño del sueño. Así mismo, si usted no esta dispuesto a invertir tiempo y dinero en su sueño es porque no cree en el. Como dice el escritor Pablo Cohelo “Cuantas cosas se pierden por miedo a perder”.