miércoles, 21 de agosto de 2024
Maestro o instructor.
domingo, 30 de junio de 2024
Dar sin que nos pidan.
martes, 23 de abril de 2024
La venganza del Cliente.
sábado, 13 de enero de 2024
La diosa oportunidad
Cuenta la historia, que una de las diosas de los antiguos griegos era la diosa oportunidad, a la cual pintaban y esculpían casi calva, a excepción de un mechón de pelo que le cubría la cara. La idea era que cuando alguien viera venir a la diosa oportunidad y la lograra coger del mechón de pelo, ella le hacía realidad todos sus sueños, pero si se dejaba pasar, ya no se podía coger del pelo.
martes, 26 de diciembre de 2023
Año nuevo, vida nueva

Siempre he sugerido durante estas festividades de fin y
principio de año que antes de quemar el dinero en pólvora y globos pensaran en
invertir ese dinero en ayudar a alguien.
Infortunadamente, la historia se repite una y otra vez; en
Colombia cientos de personas recordarán por el resto de sus vidas las navidades
porque sufrieron quemaduras con pólvora y millones de pesos y muchos empleos
perdidos debido a los incendios producidos por los globos.
Esto comprueba una vez más lo que digo en mi libro “Estamos bien capacitados, pero mal educados”. Es un hecho que la experiencia es como el
estiércol, nadie lo coge. Pero bueno, nada de nervios, mientras haya quien
compre, habrá quien venda.
Termina el año gregoriano 2023 y se inicia el 2024, cuyos
dígitos suman 8 o sea que es un año 8, el cual se considera un símbolo de
abundancia, éxito y prosperidad. Desde la antigüedad, el número 8 ha sido
asociado con el infinito, debido a su forma que parece no tener fin. Esto
representa la idea de que las posibilidades y oportunidades son ilimitadas. En
el ámbito espiritual, el número 8 también está relacionado con la energía
universal y la conexión con planos superiores de conciencia. El 2024 además es un
año bisiesto en los cuales suelen suceder cosas fuera de lo común.
Independientemente de su significado esotérico, un nuevo año
genera muchas expectativas y las consabidas promesas que siempre nos hacemos y
que pocas veces cumplimos, porque, como cortoplacistas que somos, acostumbrados
a las comidas rápidas, queremos resultados igualmente rápidos a cualquier
proyecto que iniciemos, por lo tanto, pasados pocos días, preferimos continuar
en nuestra zona de confort que correr el riesgo y pagar el precio de hacer
realidad nuestros sueños.
Algo si debe quedar muy claro, en el 2024 cosecharemos lo
que hayamos sembrado en el 2023 y en años anteriores. La pregunta es ¿Qué hemos
sembrado? Muchos continuarán sembrando odios, rencores, resentimientos, deseos
de venganza, envidias, promesas, angustias, enemistades, infidelidades, celos,
chismes, indiferencias o están pensando en cómo causar el mayor daño posible;
otros tantos perdonaron de corazón, se alegraron de sus propios triunfos y el
de los demás y están pensando en cómo ayudar a sus semejantes a hacer realidad
sus sueños para poder hacer realidad los propios, porque para recibir
(cosechar), primero hay que dar (sembrar).
Unos y otros justifican plenamente su pensar y accionar, sin
embargo, los resultados hablarán por sí solos. La cosecha es directamente
proporcional a la siembra que hayamos realizado y a la variedad de cultivo
(proyecto de vida), el cual puede tardar días, meses o años, como es el caso
del cultivo de la planta de los emprendedores, o sea, el bambú japonés (7 años).
Algo que debemos tener muy en cuenta es la frase del
científico Albert Einstein cuando manifestaba que "Locura es hacer la
misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados". Ahora
bien, ¿Cuál es nuestro sueño? O mejor aún, ¿Cuál es nuestra pesadilla?, ¿Qué es
aquello que no nos deja dormir en paz? Recordemos que para hacer que un sueño
se convierta en realidad, primero hay que tener un gran sueño, luego hay que
convertirlo en una pesadilla que no nos deje dormir hasta hacerlo realidad, es
necesario despertar y ponernos en acción.
¿Recordemos también la parábola del sembrador? (Mt.13: 1
-8). "Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le
juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba
en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el
sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto
al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde
no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;
pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó
entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena
tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por
uno".
Si lo que sembramos se lo comieron las aves, o sea, aquellas
personas que solo te critican y te juzgan o te diste cuenta de que lo que
sembraste cayó en pedregales y "fracasaste" o que cayó entre espinos
y te diste cuenta de que tu actividad no te hace feliz, entonces es el momento
de iniciar una nueva siembra porque hay que insistir, persistir, resistir y
NUNCA desistir hasta hacer realidad nuestros sueños.
Infortunadamente, también nos encontramos con personas que
quieren cosechar sin haber sembrado, sin haber invertido, sin haber pagado el
precio justo por aquello que desean. Dios permita entonces que lo que hayamos
sembrado haya caído en tierra fértil y que en el nuevo año recojamos una
abundante cosecha.
Finalmente, te invito amable lector a que en el nuevo año
practiquemos la regla de oro de hacer lo que quisiéramos que nos hicieran, a
respetarnos y respetar a todo y a todos, a ser coherentes y consecuentes con
nuestro discurso, a cumplir las promesas y la palabra dada porque, como decía nuestro
gran amigo el fabulista de la antigua Grecia, Esopo, "las palabras que no
van seguidas de los hechos, no valen nada"
Un abrazo y ¡Feliz año para todos!
Canción, año nuevo, vida nueva: https://www.youtube.com/watch?v=D1BPox9Ibbk
sábado, 2 de diciembre de 2023
Es navidad
jueves, 2 de noviembre de 2023
Los seres queridos
jueves, 21 de septiembre de 2023
Doctoritis aguda
domingo, 16 de julio de 2023
El Elegido, entre la ficción y la realidad.
“Si fuéramos los únicos en el universo, sería un gran desperdicio de espacio” Carl Sagan (1934-1996) Científico estadounidense.
¿Qué pasaría si los seres humanos comprobáramos que los verdaderos extraterrestres somos nosotros? ¿Qué somos una colonia de humanos que llegaron a este planeta hace millones de años? La evidencia es tan contundente que es imposible ignorarla. Todos los libros sagrados, todas las culturas, todas las civilizaciones han dejado dibujos, escritos y edificaciones que así lo confirman. Sin embargo, por alguna razón, seguimos negando tales pruebas. Es como los que niegan esa energía creadora y conservadora del universo a la que denominamos Dios. Miles de libros se han escrito, cientos de películas se han filmado, todos sus autores, de alguna forma, han reconocido que no estamos solos en el universo. Cantidad de investigaciones se han hecho y ni que hablar sobre las inversiones que se hacen buscando establecer contacto con seres de otros planetas, de otros mundos.
De la ficción a la realidad, hay solo un paso, y los que nos atrevemos a darlo nos llaman locos, soñadores, encantadores de serpientes o en el peor de los casos, somos aislados o vistos como seres extraños de los cuales hay que poner distancia de por medio. Siempre se ha dicho que no hay peor sordo que el que no quiere oír ni peor ciego que el que no quiere ver. Pienso que los verdaderos extraterrestres somos los que habitamos este hermoso planeta llamado tierra.
Tal y como lo afirmara el físico alemán Albert Einstein “hay dos cosas infinitas en el universo: El universo y la estupidez humana y del universo no estoy seguro”. ¡Cuánta razón tenía el científico! Es estúpido pensar que estamos solos en el universo y que nos debería dar pena de nuestros hermanos, los primates, ¡qué pena de ellos!, ya que, hasta el momento, no se sabe que ellos hayan hecho las barbaridades que nosotros los humanos hacemos. Eso que somos una raza superior u Homo sapiens (humano sabio), no lo creemos ni nosotros mismos. Con el respeto que merecen mis semejantes, pienso que somos la plaga más mortífera que habita el planeta tierra. Para la muestra un botón. Si los humanos desapareciéramos de la tierra, esta rápidamente restauraría su equilibrio. Y si fueran los insectos, como por ejemplo las abejas, las que desaparecieran, consideradas menos inteligentes que nosotros, el planeta se vería en serias dificultades.
Los mensajes que nuestros hermanos del espacio exterior nos han dejado, nos dejan y nos dejarán de su existencia, han sido tan contundentes, que debido a que lo son, nos negamos a aceptarlos, ya que eso equivaldría a reconocer que no somos la forma de vida más “inteligente” que existe. Afortunadamente, para nosotros, los humanos terrícolas, tenemos esperanza que algún día salgamos de la oscuridad de nuestra ignorancia y comencemos a ver la luz de la sabiduría. Tenemos a nuestro favor la energía creadora y conservadora del universo a la cual denominamos Dios, al que le hemos dado cualquier cantidad de nombres, la cual, lo más probable es que siga confiando en que algún día los humanos terrícolas reaccionemos y al igual que en la parábola del hijo pródigo, dejemos de comer con los cerdos y vayamos a disfrutar con ella de su sabiduría y de su inmenso amor.
Obviamente, como en todo, todo parte de una decisión llevada a la acción. La pregunta es ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que continuar matándonos entre nosotros y destruyendo el cuarto de ambiente que nos queda, es una pésima costumbre?
Esta es una aventura donde la ficción y la realidad se mezclan para dar origen a una aventura que nos llevará a interactuar con seres y sitios imaginarios, producto de la mente de un idealista que piensa que, en toda fantasía, se esconde una gran realidad, una gran verdad. Una aventura para la cual usted y yo fuimos elegidos para comenzar a realizar los cambios necesarios para generar un movimiento que trascienda las fronteras de lo posible y juntos logremos realizar lo que para muchos es imposible.
Así es que ¡nada de nervios! Un libro más que se escriba sobre el tema no va a cambiar la historia de la humanidad, aunque sí cambiará en algo la percepción que tenemos de nosotros mismos, ya que, cuando uno lee un libro no vuelve a ser el mismo.
Saber qué somos y quiénes somos, hace que nos demos cuenta que todos los humanos, sin excepción, somos seres especiales, como lo es todo lo que existe en el universo o mejor, en los universos. Cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir, la cual no siempre trasciende o la consideramos importante, sin embargo, todo lo que existe en el universo es una pieza fundamental de su gigantesco e intrincado engranaje. Cada ser humano, cada cosa, cada especie que existe en el infinito universo es importante y todo lo que altere su correcto funcionamiento, alterará el equilibrio en algún lado, ocasionando serias dificultades.
Nuestra casa, el planeta tierra, aun siendo una microscópica partícula de polvo en comparación con la grandeza del universo, es importante, es la casa de una gran cantidad de especies, de seres vivos, y de otros que consideramos inertes, pero que posiblemente son los más vivos de todos, solo que vibran y se mueven con una intensidad y velocidad diferente a la nuestra y no percibimos a simple vista sus movimientos, los cuales pueden tardar millones de años en darse. Todo lo que existe en el universo tiene vida propia, infinitas formas de vida, muchas de las cuales están en dimensiones diferentes, y no porque no podamos verlas o percibirlas con nuestros sentidos físicos, podemos afirmar que no existen, lo más probable es que nosotros, seres tridimensionales, tampoco existamos para seres que están en otras dimensiones.
El universo es un enigma que difícilmente los humanos llegaremos a descifrar, dimensionar y mucho menos conocer. Algo similar pasa con nuestra mente, la cual se asimila al infinito universo, un universo en constante expansión dada su plasticidad y, por ende, cada vez más grande, más difícil de conocer, de comprender, de aprovechar todo su potencial, ya que, entre más la estudiemos, más grande será, dándonos cuenta de que, como decía el filósofo Sócrates “solo sabemos que nada sabemos”.
El estudio de la mente humana es comparado con el estudio del universo, entre más se profundiza en su conocimiento, más grande e indescifrable es. Alguna vez alguien dijo que “quien domina la mente lo domina todo”, la pregunta es ¿llegará el día en que el ser humano domine su mente? Me atrevería a decir que no. Que siempre habrá algo por estudiar, por aprender, por descifrar, por analizar. Una investigación que no tiene fin como infinito es el universo.
Haber tenido la oportunidad de hacer un viaje imaginario para conocer otros mundos, otras civilizaciones supremamente avanzadas y de conocer a nuestros hermanos mayores, a nuestros antepasados, a esos seres que durante miles de años los terrícolas hemos considerado dioses, me ha permitido tener una mayor conciencia de lo que soy, y así haya sido catalogado por mis hermanos extraterrestres como El Elegido, seguiré siendo un terrícola común y silvestre, uno más de los millones de humanos que habitamos el hermoso planeta tierra. Un planeta como los muchos que existen en el universo, pero que se diferencia de todos los demás no solo por ser mi casa, mi hogar, el lugar al que pertenezco, sino que, comparado con los muchos que conoceremos durante esta fantástica aventura, no lo cambiaría por ninguno de ellos pese a sus grandes dificultades ocasionadas por todas las civilizaciones que por él han pasado y que de una u otra forma han dejado huella.
Y es que siempre hemos imaginado a nuestros hermanos extraterrestres como seres monstruosos que vienen a atacarnos o a destruirnos en sus poderosas naves, tal y como los recrean los cineastas en sus películas, con las cuales los que más se divierten son los mismos extraterrestres. Como dice el refrán, “el ladrón juzga por su condición”. Es muy probable que siendo los terrícolas seres belicosos, pensemos que nuestros hermanos extraterrestres también lo son. Durante esta aventura que usted amable lector y yo iniciaremos, comprobaremos que eso dista mucho de la realidad, ya que, a medida que vayamos interactuando con ellos, nos daremos cuenta de que son al extremo pacíficos y que lo que siempre han querido es ayudarnos a superar nuestras dificultades.
La verdad de nuestra existencia siempre ha estado ahí, frente a nosotros, puesto que, nuestros hermanos mayores, han dejado vestigios de que han estado con nosotros desde siempre. El problema consiste en que aun muchos piensan que somos los únicos seres “inteligentes” en el universo y ahí si es muy difícil, porque como dice el refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor sordo que el que no quiere oír”.
Por mucho que las pruebas nos demuestren que no estamos solos en el universo, si no se quiere aceptar esa realidad, continuaremos pensando que somos la especie más evolucionada. Por lo que a mí respecta, quiero invitarlo amable lector a vivir una aventura que sabemos dónde y cómo comienza, pero lo que no sabemos es cual será nuestra forma de pensar y de actuar cuando la terminemos, si es que la terminamos. Además, como decía el escritor romano Petronio, “El mundo quiere ser engañado, entonces engañémoslo”. Una obra más sobre ficción en nada cambiará la historia de los humanos terrícolas.
Le recuerdo amable lector que esta es una aventura imaginaria donde se dice una verdad que ha sido catalogada como una gran mentira, lo curioso es que, a veces, no hay mejor mentira que decir la verdad.
Una novela para leer con la imaginación y no con la razón.
Primera Parte: El encuentro.
De venta solo en la Editorial Autores Editores, y en formato impreso en el siguiente enlace:
https://www.autoreseditores.com/libro/23894/onofre-restrepo/el-elegido.html
Segunda Parte: Las lágrimas de Dios.
Tercera Parte: El libro de los libros.
Cuarta Parte: La Gran Pirámide.
Quinta Parte: El despertar.
Sexta Parte: La madre tierra.
Séptima Parte: A imagen y semejanza.
Octava Parte: No estamos solos.
Otros libros escritos por el autor:
domingo, 25 de junio de 2023
Las palabras que no van seguidas de los hechos no valen para nada.
Lo invito pues amigo lector a reflexionar un poco sobre lo que dice y hace, a no generar falsas expectativas, a no hacer promesas que no pueda cumplir, a hablar menos y hacer más. El mundo necesita más hacedores y menos predicadores que predican pero no aplican.
lunes, 10 de abril de 2023
La capacitación, un gasto o una inversión
https://universovirtualcomunicaciones.com/
domingo, 12 de febrero de 2023
Un mal profesor puede arruinar tu vida
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